
Después de haber escrito un libro consagrado a Francisco Pizarro y otro a Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos nos propone revisitar la vida de Cristóbal Colón. En esta nueva obra, el autor logra articular un robusto corpus de fuentes de archivo y bibliográficas que permiten al lector conocer la vida del Almirante, la manera en que ha sido abordado por diversos investigadores y algunas representaciones que han influido sobre la opinión de distintos sectores. La iniciativa debe ser destacada, pues las denominadas fuentes colombinas en ocasiones parecieran haber sido sacralizadas y no estar sometidas al continuo escrutinio de la investigación histórica. Por el contrario, este libro muestra que los materiales relacionados con Colón merecen ser constantemente reexaminados para generar textos científicos y de difusión, e, incluso, discusiones públicas.
Mira Caballos apuesta por introducir al lector en la Europa del siglo XV, donde los intercambios intelectuales y personales —a diferentes escalas— eran plenamente fluidos y posibles. Si bien Cristóbal Colón es retratado como un personaje con “comportamientos populacheros” (19), supersticioso y con limitaciones en su formación intelectual, no dejó de ser un reflejo de las intensas conexiones dentro de la Europa anterior a 1492. Asimismo, el historiador muestra cómo el Almirante fue capaz de constituir un poderoso capital social a partir de herramientas como la persuasión por diferentes canales y una destacable experiencia en la navegación marítima. Para el autor del libro, la conjunción de estas características ayuda a entender la “personalidad” de Colón y su voz a través de las fuentes.
A pesar de la limitación y ambigüedad de algunos testimonios, Mira Caballos se inclina a pensar que es difícil de rebatir el origen genovés de Cristóbal Colón, sin dejar de reconocer que su familia —como era habitual durante el siglo XV— poseía una herencia pluriterritorial y pluricultural, evidenciada a través de realidades como el plurilingüismo del Almirante. Tales herencias le son útiles al autor de la investigación para involucrar al lector en la juventud de Colón y el periodo de su vida adulta en el cual expuso ante varios monarcas europeos sus planes de expedición marítima hacia la actual Asia. No obstante, Mira Caballos arguye que los primeros planes del explorador europeo para navegar y encontrar una ruta alternativa hacia las Indias por el occidente no fueron académicamente sólidos ni lograron sobrepasar los filtros científicos de la época. Al respecto, queda en evidencia la postura diletante de Colón frente a la redondez del planeta, las características de la Tierra en la zona intertropical o la ubicación de los territorios que hoy ocupan Japón y China. El investigador, en todo caso, no se pierde en el irresoluble problema de conocer qué esperaba exactamente encontrar Colón al partir de Andalucía. En este sentido, la obra plantea que el amparo de la expedición colombina de 1492 combinó un espectro político y de fe (92).
Asimismo, Mira Caballos apuesta por retratar a Colón como un converso que adoptó un fervoroso cristianismo la mayor parte de su vida. De hecho, a lo largo del libro se lanzan hipótesis acerca de la repercusión que tuvieron los principios doctrinales del Almirante en diferentes esferas de su experiencia. La aproximación a la religiosidad de Colón permite explicar sus vínculos con sacerdotes poderosos que hicieron parte de su clientela política, con instituciones como el Real Monasterio de Guadalupe en Cáceres (España) o su cercanía con la Orden Franciscana. No obstante, y aunque hay sobresalientes reflexiones al respecto, para los objetivos de la investigación no puede considerarse indispensable el uso de la palabra converso en el subtítulo.
El libro permitirá conocer —sobre todo al público no especializado— la evidencia que sugiere la presencia en América de grupos europeos y asiáticos antes de las expediciones de Cristóbal Colón. También es perceptible cierta generosidad analítica con el reino de Portugal, que sigue siendo muy poco incluido en narrativas colombinas tradicionales. El lector notará un esfuerzo por crear algunas conexiones entre la expedición de Colón y las iniciadas por los portugueses hacia Asia y África en el siglo XV. Este vínculo resulta obvio para los investigadores especialistas en el periodo, pero paradójicamente sigue siendo mencionado de manera tímida en los medios de difusión masiva. Considero que, bajo esta línea, la investigación de Mira Caballos apuesta por mostrar a un Colón más conectado con Europa y menos singular. De igual forma, el lector podrá encontrar un acercamiento a las condiciones de posibilidad en las cuales fueron producidas las Capitulaciones de Santafé (abril de 1492), que legalizaron el viaje hacia las Indias, y por qué de allí se desprendió buena parte de los conflictos posteriores entre la Corona y la familia del Almirante.
En el interesante capítulo titulado “La empresa descubridora” se combinan dos elementos esenciales dentro de la estructura del libro. Por una parte, es analizada la forma en que operó la expedición en los meses anteriores a la salida de Colón y, por otra, la dinámica propia del viaje hasta la llegada a las costas del Caribe el 11 o 12 de octubre de 1492. Acá aflora una valiosa aproximación a las personas que trabajaron para la empresa colombina. Incluso, puede valorarse lo que la expedición habría supuesto para la sociedad campesina y pesquera de la región andaluza desde donde partió la pequeña armada de 1492. Este resulta un tema importante que, aun cuando tendría mucho para explorar, permite observar el viaje de Colón más allá de su propia vida y de las élites con las cuales logró codearse. Los conocidos hermanos Pinzón, y los demás tripulantes que optaron por respaldar a Colón a pesar de la inviabilidad de sus argumentaciones náuticas, van abriéndose paso poco a poco dentro de la investigación. Pueden valorarse también las alusiones hechas a los intérpretes europeos que zarparon en el primer viaje y la posición que ocuparían posteriormente los intérpretes indígenas —casi todos esclavizados por Colón— en los encuentros con los denominados caciques americanos.
Un aporte importante de este libro es mostrar la forma en que Colón con rapidez se convirtió en una celebridad en Europa. En efecto, la traducción e impresión de sus cartas por todo el continente, así como el generoso apoyo que recibió para su segunda expedición, dan cuenta de que fue una figura pública de relevancia después del primer viaje. Por lo general, este patrón de visibilidad de Colón ha sido poco abordado por los investigadores. Por otra parte, Mira Caballos propone que, al menos hasta 1496, Colón estuvo interesado en seguir explorando antes que en establecer formas de gobierno civil y espiritual, según la lógica castellana de la época. No obstante, por aquel entonces arribaron a América varias de las personas que a corto plazo se convertirían en los representantes de los reyes de Castilla e, incluso, los religiosos que emprenderían las primeras tareas de evangelización. Los franciscanos, por el apoyo que prestaron a Colón y la identificación que el Almirante sintió con esta orden, desempeñaron un lugar de privilegio en el contexto posterior a 1492.
El último tercio del libro está consagrado a un aparente ocaso de Colón y su proyecto. Aunque el Almirante era un emblema en la Castilla de inicios del siglo XVI, la enfermedad, el descrédito y la imposibilidad de ejercer control sobre sus privilegios territoriales también hicieron parte de su vida. Asimismo, las confrontaciones con los indígenas y sus propias huestes le sirven a Mira Caballos para mostrar los problemas que enfrentó el navegante poco antes de fallecer. En estos años, Colón también logró avanzar en la exploración de los territorios de Tierra Firme (hoy Suramérica) y de poderosas fuentes de recursos como el circuito de las perlas. Como parte de las complicaciones de esta etapa también estuvo el hecho de que su familia no lograra consolidar un gobierno en La Española ni ejercer efectivamente las facultades virreinales a las que, en teoría, tenía derecho. Por el contrario, fueron más los descontentos que las satisfacciones generadas por los Colón en distintos puntos del Caribe. De forma paradójica, en esta época cobraron relevancia personajes como Bartolomé de las Casas, Américo Vespucio o el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, quienes aportaron buena parte de las fuentes que hoy permiten aproximarse a la figura y personalidad del Almirante.
Más que otros trabajos ya clásicos sobre Colón, el autor incluyó ciertas reflexiones que dan cuenta de los logros de disciplina histórica en los últimos años. Por ejemplo, Mira Caballos muestra una mayor sensibilidad frente a la diversidad étnica de los grupos indígenas, aunque esto no se convierta en un tema transversal dentro del texto. Con respecto a las mujeres que participaron en el proyecto colombino, el autor incluyó un breve acápite que hubiera sido poco concebible en la tradición más conservadora que ha abordado la vida del Almirante. Allí son presentados algunos escenarios en los cuales muy probablemente hubo mujeres. En ese sentido, el libro podría incentivar investigaciones con respecto a otros roles de las mujeres, más allá de los desempeñados por la reina Isabel, la esposa de Colón o sus supuestas amantes, así como las europeas que llegaron a América para llevar “vida maridable” con los soldados y burócratas que vivieron en la época del “descubrimiento”. Sin embargo, estimo que, dentro de una tradición tan marcada por la homogeneización del indígena y el patriarcalismo, Mira Caballos logra no pasar desapercibido y hace varios aportes.
Podría pensarse que los dos últimos capítulos de la investigación formaban parte de una introducción más larga o que, por decisión editorial, fueron incluidos como apartados autónomos al final del texto. Los interesados encontrarán allí dos reflexiones bastante convenientes sobre lo acontecido con los restos de Colón y las fuentes que le permitieron convertirse en una figura de amplia discusión académica y no académica. Incluso, el autor se ha animado a abordar problemas como el derrumbamiento de ciertas esculturas o lo que Colón sigue representando para ciertos sectores latinoamericanos y españoles. Esta última parte se complementa con un texto sobre metodología y otro de fuentes, la bibliografía, un glosario, cinco apéndices, una cronología y una extensa sección de notas.
Dado el amplísimo universo de temas y problemas que aborda la investigación de Mira Caballos, resulta una lectura pertinente para muchos tipos de lectores. El libro con seguridad resultará funcional en ámbitos académicos y no académicos por los próximos años. Asimismo, recupera con rigor la biografía histórica y logra ser ameno de leer en la mayoría de pasajes. No puede nada menos que celebrarse la vocación de construir reflexiones que aborden temas históricos de interés general sin usar lenguajes o prosas que resulten excluyentes, sobre todo en España y América Latina, donde abundan las publicaciones monográficas —muchas veces derivadas de tesis doctorales— que abusan de la descripción y el recurso casuístico.
Reseña publicada en Fronteras de las Historia vol. 31, n. 2, 2026, pp. 293-297.

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