Esteban Mira Caballos

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LOS SECRETOS DE CRISTÓBAL COLÓN. CONVERSO, MESIÁNICO Y SÍ, SUPO QUE HABÍA DESCUBIERTO TIERRAS NUEVAS

18:51 por administrador1 Dejar un comentario

“Colón. El converso que cambió el mundo” (Crítica, 2025), del historiador español Esteban Mira Caballos, se llama una biografía que en base a material documental revisa la vida del trascendental personaje histórico. Confirma su lugar de nacimiento en Génova, terminando con las especulaciones; revela que tenía origen converso, y, sobre todo, a diferencia de lo que se dice, plantea que siempre tuvo claro que había hecho un descubrimiento. Acá analizamos el volumen junto a su autor.

A Cristóbal Colón se le apareció Dios. Así al menos lo contó él mismo en una carta que mandó a los Reyes Católicos, el 3 de febrero de 1500, desde la isla La Española (las actuales Haití y República Dominicana). En la Navidad del año anterior, durante su tercer viaje, el almirante de la mar océano había pasado por momentos difíciles. En su calidad de gobernador general del Virreinato de Indias, se enfrentaba a las insurrecciones de los aborígenes y de los mismos españoles, quienes desilusionados por riquezas que no encontraban lo acusaron a la corte por mala administración. Aprovechando la Nochebuena, Colón pensó en tomar una carabela y huir. Pero algo pasó. Tuvo una visión, una epifanía. En sus palabras, Dios le dijo: “Hombre de poca fe, no tengas miedo, yo soy”. Luego continuó su relato: “Y dispersó a mis enemigos y me mostró cómo él podía cumplir mi carta, triste de mí, pecador, el cual me estorbaba en esperanza del mundo”.

Ese espíritu mesiánico y profundamente devoto eran rasgos muy marcados del personaje. Así lo señala una nueva y reveladora biografía sobre el descubridor de América. Colón. El converso que cambió el mundo (Crítica), ya disponible en Chile y cuyo autor es el historiador español Esteban Mira Caballos, especialista en el descubrimiento y conquista de América. Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla, académico numerario electo de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura (la tierra de Pedro de Valdivia), entre otros libros, ha publicado biografías de Francisco Pizarro y Hernán Cortés. Ahora es el turno del hombre que lo inició todo.

“Colón fue un personaje a medio camino entre el Medievo y el Renacimiento. Su filosofía, misticismo, profetismo, son elementos netamente medievales y le impidieron darse cuenta de cosas que como gran observador hubiera notado. Después tiene muchos aspectos modernos: su curiosidad, su ánimo por investigar, su afán por conocer más allá, su espíritu de aventura. Por lo tanto, ya digo que fusiona dos mundos. Y me sorprende especialmente su faceta mística, empieza siendo sobre todo un comerciante, pero con el paso del tiempo, a medida que va recibiendo reveses, se refugia más en un papel de profeta. Él siempre se consideró un elegido”.

¿Cómo así? Es un personaje que escucha voces del más allá, que se siente él -y algunos de los que le rodean- como un elegido por Dios. Él se llega a comparar con los apóstoles, decía que Jesús siempre se fijaba en los más humildes y por eso lo ha elegido a él. El padre Bartolomé de las Casas, el obispo Alessandro Geraldini y Santa Teresa de Jesús -mucho después- lo consideraron un elegido por la Providencia. Incluso tuvo el privilegio de que se le presentara Dios en persona, así lo dijo él. Pues ese es Colón, un personaje que tiene curiosidad científica y cuando va en su primer viaje rumbo a abrir esa ruta comercial con Asia, interpreta que detrás está la mano de la Providencia. Todo lo ve mitad científico. mitad obra de Dios.

Uno de los aspectos fundamentales de esta biografía es que aclara de una vez cuál fue el verdadero lugar de origen de Cristóbal Colón. Esto, a contrapelo de muchas tesis que lo dan nacido en un variopinto de sitios. Pero tal como Roma invadió Cartago y Napoleón venció en Austerlitz, para Mira Caballos la verdad es una sola: Colón nació en la República de Génova y su nombre era Cristóforo Colombo, luego se castellanizó a Cristóbal Colón. Y no hablaba el italiano moderno sino el dialecto genovés (aunque también el castellano, el portugués y el latín). «Yo lo tengo muy claro. Es que esto de los nacionalismos no son nuevos. Ya en documentación del siglo XVI, en los pleitos colombinos, hubo un intento de atribuirle el descubrimiento a Martín Alonso Pinzón, porque a la Corona no le parecía que fuese un italiano el que puso las bases de lo que fue el Imperio Hispánico. O sea, que esto viene de lejos. Ha habido una ideología nacionalista española que ha pretendido hacerlo español. O, en caso de no hacerlo español, buscar una alternativa como un predescubridor español, como Alonso Sánchez de Huelva, por ejemplo. Y dentro de España hay rivalidades notables, entre partidarios del origen gallego, catalán, mallorquín y valenciano principalmente. Como buen historiador, Mira Caballos defiende la tesis genovesa en base a documentación.

“Hay una prueba que yo siempre la cito porque es muy objetiva. En 1470, Cristóforo Colombo, junto a su padre Doménico, fueron al notario en Génova y contrajeron una deuda con Girolamo del Porto. Pues bien, el 19 de mayo de 1506, un día antes de morir Cristóbal Colón, en su codicilo, dice que se le termine de pagar lo que se le seguía debiendo al tal Girolamo del Porto. O sea, el Cristóbal Colón que se estaba muriendo en Valladolid es el mismo Cristóforo Colombo que en 1470 había contraído una deuda con su padre”.

Otro aspecto que trata la biografía es una idea que siempre ha rondado en el universo colombino: que él habría sido un judío converso. Mira Caballos aclara que, en rigor, Colón era un ferviente católico, pero la familia de su madre, los Fontanarossa, eran judíos conversos, y que de ellos habría heredado su pensamiento. “No hay ninguna duda” ¿Cómo lo sé? Por una sencilla razón, porque Colón cogía los libros, los subrayaba y los anotaba. Dejó más de 2.500 anotaciones en sus libros que están en la biblioteca colombina de Sevilla, que yo he podido consultar. Por las ideas que expresa se le nota que tenía un hondo pensamiento de origen judeoconverso. Por tanto, hay que decir muy claro: de judío, nada. Colón era un católico practicante y muy devoto, porque en la España de los Reyes Católicos no se podía ser otra cosa, pero escondía un hondo pensamiento de raigambre judío conversa. Lo que no sabemos es si era un falso o un verdadero converso, porque no estamos en su mente para saberlo con exactitud. Pero él, en esas apostillas y en su Libro de las profecías, manifiesta ideas que no eran propias de un cristiano. Por ejemplo, reconstruir el Templo de Jerusalén, recuperar los santos lugares -que se lo propone a los Reyes Católicos dos o tres veces-, encontrar a las 12 tribus perdidas de Israel al otro lado del océano. O sea, son ideas que para un judío están muy bien, pero para un católico no tienen sentido”.

Otro punto medular de esta biografía es que Mira Caballos rebate una tesis habitual a la hora de hablar de Colón. Esta afirma que, al momento de su muerte, en 1506, nunca supo que había hecho un descubrimiento y que siempre pensó que había llegado a Asia. El historiador afirma que Colón sí sabía que había llegado a nuevas tierras. El detalle está en que el genovés creía que esas islas y tierra firme a la que llegó formaban parte del continente asiático, a pesar de que la evidencia que tenía a la mano le decía otra cosa. «Yo lo tengo claro. Él siempre cree, desde un primer momento, que ha llegado a tierras nuevas. De hecho, cuando llega a Guanahani -la actual isla de Watling, en Las Bahamas- lo primero que hace es tomar posesión de la isla y la llama San Salvador. O sea, él sabía que no eran exactamente territorios del Gran Khan, ni del Catai (China), ni de Tartaria. Él sabe que son territorios que no son de nadie, entre comillas, y por eso toma posesión. Cuando va a la tierra que él llama ‘de allá’, que son las Antillas y todo eso, él piensa que son territorios que están en la antesala de Asia, pero que no son eхасtamente de ningún gran soberano. Cuando en el tercer viaje toca la tierra que él llama ‘de acá’, que es la península de Paria (Venezuela), ahí se da cuenta que aquello es un mundo nuevo, lo pone él». «En el cuarto viaje recorre la costa atlántica de Centroamérica para averiguar si ese mundo nuevo, que es la tierra de acá, está unido a la tierra de allá o no. Como no encuentra el estrecho, muere pensando que ese mundo al que ha llegado está pegado a la tierra de allá y, por tanto, en la antesala de Asia.

¿Colón discutió con alguien esa tesis? Desde 1502 Américo Vespucio sabe que tanto la tierra de acá como la de allá, no están cerca de Asia ni tienen nada que ver con la tierra del Gran Khan, que son un continente nuevo. La cuestión es: ¿Colón llegó a saber que aquello era un continente nuevo que no tiene nada que ver con Asia? Bueno, él era muy observador, tuvo pruebas más que evidentes, pero se empeñó por esa promesa que le había hecho a los Reyes Católicos de que iba a descubrir la nueva ruta con Asia. Él nunca se movió de su posición. Ahora, seguramente en el fondo lo intuyó. Y, por otro lado, me cuesta creer que no sacaran el tema conversando con Américo. Él era amigo personal de Cristóbal Colón, fue a verlo muchas veces en su lecho de muerte, en Valladolid. O sea, dos marinos, uno de Florencia, otro de Génova, hablando en la intimidad seguramente lo discutieron y seguramente Colón murió sabiendo que había encontrado un continente nuevo, lo que pasa es que nunca lo llegó a manifestar públicamente.

Por Pablo Retamal Navarro

La Tercera, domingo, 20 de julio de 2025

Archivado en:Reseñas de Libros Etiquetado con:Cristóbal Colón, La Tercera

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