Esteban Mira Caballos

Blog del historiador Esteban Mira

  • Inicio
  • Blog
    • Historia de America
    • Historia de España
    • Reseñas de Libros
  • Libros
  • Ponencias
  • Sobre Mí
  • Contacto
  • Historia
  • Biografías
  • Todos los Libros

COLÓN CONSIGUE ATRACAR EN LISBOA, UN 4 DE MARZO DE 1493

11:44 por administrador1 Dejar un comentario

El trayecto de regreso de la Pinta y la Niña fue muy ajetreado, por las tormentas que sufrieron. Una primera tormenta separó a ambas embarcaciones, y de la Pinta no sabemos su recorrido ni sus avatares más allá de su arribo a Bayona. En cambio, sí que sabemos, por el diario de a bordo de lo ocurrido en la Niña. Desde el 27 de febrero los vientos fueron contrarios, y debieron surcar grandes olas, pese a lo cual mantuvieron el rumbo en dirección a la barra de Saltés. Sin embargo, el 3 de marzo se levantó una nueva tormenta que, una vez más, estuvo a punto de hundirlos. La estabilidad de la Niña mejoró cuando se decidió llenar los barriles vacíos con agua de mar para proporcionarle más lastre y tirar por la borda diversos enseres de la cubierta. Asimismo, sortearon un nuevo romero para ir de peregrino, en esta ocasión al devoto santuario de Santa María de la Cinta de Huelva; por cierto, le volvió a tocar a Colón. Y no fue el único voto que hicieron, pues se comprometieron a guardar ayuno el primer sábado después de su arribada a tierra. Como ya hemos afirmado, la intención era navegar en derechura a Palos, pero con la carabela casi desarbolada Colón no pudo hacer otra cosa que arribar al estuario del Tajo. Por fin, el 4 de marzo de 1493, tras pasar por Cascais sin detenerse, fondeó en el atracadero de Restelo, ubicado justo al lado de donde actualmente se encuentra la Torre de Belem, que entonces aún no había sido edificada. Allí algunos marinos se sorprendieron de haber podido sobrevivir, porque jamás habían vivido «un invierno con tan recias y desaforadas tormentas que habían naufragado veinticinco naos de Flandes».

Cuando se supo de su llegada, todos se apresuraron a visitarlo para ver lo que traía y se agolpó tanta gente a bordo que no cabían dentro. Lisboa era por aquel entonces una ciudad cosmopolita acostumbrada a todo tipo de noticias procedentes de distintos rincones del mundo, pese a lo cual quedó maravillada con lo que contaba y traía el genovés. Lo primero que Colón hizo fue enviar una misiva a Juan II para que le autorizase el desembarco. La respuesta se demoró muy poco: el 8 de marzo, don Martín de Noronha se la hizo llegar. Colón fue conducido al día siguiente ante un pesaroso Juan II, sin duda arrepentido de no haber aceptado su proyecto cuando tuvo la oportunidad. La reunión se celebró en el monasterio franciscano de Santa María de las Virtudes, en las afueras de Lisboa, donde residía la corte por la epidemia de peste que había azotado la capital, y supuso el preámbulo del futuro Tratado de Tordesillas. Inicialmente los recelos fueron mutuos, en especial por parte del genovés, que había salido casi de incognito de Portugal siete años antes y sabía que la situación podía ser muy delicada. Además, no le parecía adecuado mantener una entrevista de ese nivel sin tener una autorización expresa de los Reyes Católicos. Pero no le quedó otra opción; estaba en Lisboa y, por mucha tensión que hubiese, el encuentro era inevitable. Desde un primer momento el monarca interpretó que se había violentado el Tratado de Alcaçovas, al tomar posesión de territorios que no pertenecían a Castilla. Con esa convicción, lo primero que hizo fue sobornar a dos marineros portugueses que venían en la Niña para que fuesen sus pilotos y recorriesen el mismo camino. Acto seguido envió a su embajador Ruy de Sande a la corte de los Reyes Católicos, con una carta en la que informaba de su arribada, al tiempo que comunicaba el envío de varios comisionados para dialogar sobre la expansión atlántica. El delegado portugués llegó a Barcelona antes que el propio Colón e inició las conversaciones sobre a quién pertenecían las tierras halladas. Isabel y Fernando se debieron enfrentar al conflicto diplomático, sin tener ni la más remota idea de dónde se ubicaban. No pudieron hacer otra cosa que despachar de inmediato al contino Lope de Herrera, quien, el 23 de mayo, comenzó las negociaciones en la corte lusa sobre las áreas de expansión de cada reino, algo que se concretaría un año después en Tordesillas.

Pese al desasosiego del monarca portugués, el almirante trató de calmarlo, diciéndole que su viaje no era ninguna amenaza para sus planes expansivos. Sin embargo, el rey mantuvo su preocupación, oyendo de boca de algunos de sus cortesanos la posibilidad de acabar con su vida y organizar una expedición desde Lisboa para llegar a los nuevos territorios. El riesgo fue real, pues Colón bien pudo haber sido retenido o, peor aún, asesinado, como relató el cronista portugués Rui de Pina. Al final se impuso la cordura y se trató de evitar por todos los medios un enfrentamiento directo con el reino vecino. Así que el rey luso optó por darle un trato aparentemente cordial, encargando al prior de Crato que lo hospedase, lo agasajase y le ofreciera una buena compañía. Con toda seguridad, como sostiene el padre Las Casas, la procesión iba por dentro, y se arrepintió de no haberle dado crédito cuando tuvo la ocasión.

PARA SABER MÁS

Mira Caballos, Esteban: Colón, el converso que cambió el mundo. Barcelona, Crítica, 2026.

Archivado en:Historia de America Etiquetado con:América, Carabela, Cristóbal Colón, España

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Redes Sociales

Facebook

Linkedin

Twitter

 

Aviso Legal

Política de Privacidad

Contador

1540171

Copyright © 2026 Esteban Mira Caballos