
El aprendizaje náutico en aquellos tiempos seguía siendo eminentemente práctico, pues no existía una escuela de pilotos ni nada parecido a lo que después será la sevillana Universidad de Mareantes. Había aprendido de manera práctica a usar lo mismo el timón de codaste que la brújula —entonces llamada aguja de marear—, instrumentos esenciales para lo que ellos llamaban engolfarse, es decir, adentrarse en el océano.

La brújula es uno de los grandes inventos de la Historia y ha sido fundamental para la navegación prácticamente hasta la Edad Contemporánea. Se trata de una aguja imantada, suspendida sobre un círculo graduado que señala al polo magnético, que no coincide exactamente con el norte, como pudo comprobar el propio Colón. La brújula es un invento chino introducido en el siglo xi en el Mediterráneo por los islámicos, que pasó al Atlántico tres siglos después, aunque su uso en ese tiempo fue muy limitado, entre otras cosas porque la navegación que se solía hacer era de cabotaje. Todavía a finales del siglo xvi, el padre José de Acosta se sorprendía de que un pequeño imán «mande en la mar y obligue al abismo inmenso a obedecer y estar a suorden». Pero era esencial para emprender cualquier periplo ultramarino pues, como escribió López de Gómara, sin ella «las naos se perderían en el océano». Él la usaba con una rosa de los vientos sobrepuesta en la que se indicaban treinta y dos rumbos posibles, que eran puntos cardinales intermedios, y presuponemos que también lo hacían los capitanes de laPinta y de laNiña.
Además, disponía de otros instrumentos náuticos, como el compás, los mapas, la ampolleta, el cuadrante, y quizá también el astrolabio. El 2 y el 21 de noviembre de 1492 el almirante usó el cuadrante para averiguar la latitud a la que se encontraba. Por su parte el padre Las Casas dice que midió la altura de la estrella polar con su cuadrante o astrolabio, por lo que se intuye que los daba como sinónimos. Aunque Colón no cita expresamente ni el astrolabio ni la ballestilla, lo más probable es que dispusiese de esos instrumentos, al igual que otros de los más destacados marinos de su tiempo. Por ejemplo, Américo Vespucio sí que citó en varias ocasiones el uso que él hacía tanto del astrolabio como del cuadrante.

El astrolabio era un aparato usado por los marinos musulmanes desde el siglo viii de nuestra era, pero hasta el siglo xv no lo utilizaron los portugueses, aunque la latitud no se midió con precisión hasta bien entrada la centuria siguiente. La ampolleta o reloj de arena que se usaba en tiempos del Descubrimiento estaba compuesto de dos conos de cristal desde donde la arena caía de uno a otro, en períodos de media hora. Había que estar continuamente pendiente para girarlo cada vez que trascurrían esos treinta minutos, porque resultaba esencial para estimar la distancia recorrida. El descuido que cometían los pajes al darle la vuelta antes o después de caer la arena provocaba notables errores de cálculo. La profundidad se controlaba con una sonda, que era una simple cuerda con nudos y un pequeño lastre en la punta.
PARA SABER MÁS
Esteban Mira Caballos: Colón. El converso que cambió el mundo. Barcelona, editorial Crítica, 2025.
Esteban Mira Caballos

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