
En este artículo trazamos un recorrido por el americanismo en Extremadura, desde los primeros autores locales que aludieron a personajes indianos, hasta la actualidad. Analizamos, en forma de ensayo, con un mínimo aparato crítico por indicación editorial, los autores, las líneas de investigación y el interés de las instituciones públicas y privadas por destacar los vínculos entre la región e Hispanoamérica. Y concluimos con una proyección de futuro, resaltando algunas de las líneas de trabajo que quedan por delante y lo que se espera del americanismo extremeño.
1.-UNOS VÍNCULOS INDISOLUBLES
Entre el descubrimiento de América y la actualidad median más de cinco siglos de historia compartida en los que Extremadura ha jugado un papel de primer orden. De hecho, desde su misma génesis tuvo una participación muy destacada y, en este sentido, señalaremos solo tres datos: primero, que el primer viaje del almirante Cristóbal Colón fue financiado en buena parte con los fondos de la bula de cruzada del obispado de Badajoz. Segundo, que en esa misma jornada tenemos identificados a nueve extremeños, en la segunda travesía a diez y en la tercera a seis. Y tercero, que el propio almirante estuvo al menos en tres ocasiones en el Real Monasterio de Guadalupe, y en 1502 en Valencia de las Torres, recibiendo las instrucciones de su cuarto viaje. Por todo ello, la presencia de lo americano en el imaginario colectivo de los extremeños comenzó desde muy pronto: rumores y comentarios sobre un navegante, llamado Cristóbal Colón, que había descubierto tierras ignotas allende los mares, que supusieron un revulsivo en el ánimo de todas aquellas personas que pretendían mejorar sus expectativas vitales, lejos de la tierra que les vio nacer.
Si importante fue la participación extremeña en el descubrimiento, mucho más lo fue en la conquista, concentrando una larguísima lista de los más conocidos conquistadores, como Hernán Cortes, Francisco Pizarro, Francisco de Orellana, Vasco Núñez de Balboa, Hernando de Soto o Pedro de Valdivia. Una guerra que debemos insertar dentro de un proceso expansivo de Occidente, iniciado en la antigüedad, con el mundo grecolatino, y culminado con el imperialismo contemporáneo. En realidad, como ha escrito el arqueólogo Martín Almagro, todo ser vivo, y en particular el humano, tiende a colonizar nuevos espacios donde expandir su especie o su genética. Nadie debe sorprenderse por ello, pues, se trata de un capítulo más en la historia universal, donde el más poderoso siempre se impuso sobre el más débil.
Después llegaron los colonizadores que en el caso que nos ocupa sumaron varias decenas de miles. Ante una economía relativamente precaria y una distribución muy desigual de la riqueza, la mejor opción para muchas personas con pocas perspectivas de promoción social fue la emigración. Eso explica el papel de primer orden que jugaron los extremeños en este proceso expansivo y colonizador.
No tardó en desencadenarse todo un trasiego de personas que iban y venían a las Indias, algunas de ellas -menos de un diez por ciento- consiguiendo sus metas de enriquecimiento y retornando a sus respectivas localidades natales. Estas personas que regresaban ricas del otro lado del charco se conocieron en su tiempo como peruleros o indianos. Sin embargo, muy rápidamente se aplicó esta denominación no solo a los que volvían con fortuna sino a todo aquel que se enriquecía con el comercio de las Indias, aunque jamás hubiese cruzado el charco. Los nombres se cuentan por decenas y dejaron una profunda huella en sus respectivas localidades de origen, entre ellos: Hernando Martel de Mosquera y María Martel (Zafra), Juan Velázquez de Acevedo (Medellín), los Cano Moctezuma (Cáceres), Hernando Pizarro (Trujillo), Francisco de Lizaur (Brozas), Juan Ruiz (Alburquerque), el capitán Hernández (Montijo), Álvaro y Gonzalo de Carvajal (Los Santos de Maimona) o Juan de Barrantes (La Cumbre).
Legalmente están registrado unos 13.446 emigrantes extremeños a largo de la Edad Moderna: 9.935 en el siglo XVI (Sánchez Rubio, 1993: 39), 4.346 en el XVII (Lemus, 1993: 52) y 65 en el XVIII (Macías, 1999: 88). Pero, teniendo en cuenta a los que yo llamo alegales, que no aparecen en los registros oficiales, es posible que la cifra real se acercase a los treinta millares. La mayoría marchó en el siglo XVI, mientras que en el XVII hubo una crisis demográfica que redujo su número, siendo ya casi insignificante en la siguiente centuria.
El extremeño, diferenciado del castellano, existe desde la Baja Edad Media, aunque el territorio no tuviese autonomía administrativa. De hecho, a principios del siglo XVI, en Santo Domingo, los extremeños vinculados al gobernador Nicolás de Ovando, formaban un grupo de poder, que eran conocidos como los Garrovillas. Asimismo, la gobernación de la Nueva Extremadura concedida, en 1564, a Pedro Maraver de Silva implicaba de facto la existencia de una Vieja Extremadura, o de una Extremadura a secas. No menos claro es el hecho de que a principios del siglo XVII, los extremeños residentes en la ciudad boliviana de Potosí, celebraban la fiesta de la Virgen de Guadalupe, una manifestación identitaria que contraponían a la de los vascos que preferían venerar a Nuestra Señora de Aránzazu. Se trata de una prueba más de esa identificación como grupo, por lo que resulta evidente que Extremadura se reafirma en América y una no se entiende sin la otra.
Tras varios siglos de historia interconectada hay unos vínculos indisolubles que debemos valorar: primero, el de la sangre, pues América es fundamentalmente mestiza, fruto del crisol europeo, africano y americano. Y segundo, el de la cultura, cuyo nexo de unión es la lengua castellana, un idioma en el que nos comunicamos más de 600 millones de hispanohablantes. En definitiva, hablamos de varios siglos de historia en común que debemos usar para destacar lo que nos une y así tender puentes para que el Atlántico siga siendo una vía de comunicación, no una frontera, como lo fue desde finales del siglo XV.
2.-EL AMERICANISMO EXTREMEÑO HASTA LA EXPO DEL 29
Desde la segunda mitad del siglo XVI y sobre todo en la primera mitad de la centuria siguiente se produjo un inusitado interés por la historia local, sin parangón hasta bien entrada la Edad Contemporánea. Pues bien, fueron estos historiadores locales los que ponderaron las figuras de los conquistadores locales o de los religiosos que habían desarrollado un papel en la expansión imperial.
Uno de los más destacados fue Juan Solano de Figueroa, nacido en 1610 en la villa de Jaraicejo, que constituye una fuente de primer orden en lo relativo a los badajocenses implicados en la aventura ultramarina. Solano desempeñó una gran actividad intelectual, publicando a mediados del siglo XVII su libro Historia y santos de Medellín en el que ofreció pinceladas del personaje más ilustre de la villa: Hernán Cortés. Habrá que esperar al siglo XX para ver impresa su gran obra Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz en la que se afanó en reseñar los nombres de indianos -fundamentalmente conquistadores y religiosos- que desempeñaron un papel destacado al otro lado del océano. Por aquellas mismas fechas, otros historiadores o cronistas locales, como el regidor emeritense Bernabé Moreno de Vargas- que había escrito un libro titulado Discursos de la nobleza de España (1622)- publicó una historia de su ciudad natal en la que aludía a personajes vinculados a lo que él entendía que era la gesta ultramarina. Asimismo, el trujillano Fernando Pizarro y Orellana, en su monumental obra Varones Ilustres del Nuevo Mundo (1629), habló ampliamente de los conquistadores y particularmente de sus propios ascendientes, es decir, de los Pizarro.
Ya en el siglo de las luces, Ascensio de Morales recibió el encargo de elaborar una historia eclesiástica de España, llegando a acabar la de la diócesis de Badajoz, en cuatro voluminosos tomos manuscritos, conservados en la sección de Códices del Archivo Histórico Nacional que no los llegó a ver impresos. Ya en el siglo XX se editó el cuarto de esos tomos, que era un resumen de los tres anteriores. Lo interesante es que, en esta obra, una vez más, se ofrecen unos listados de los personajes ilustres de las veintinueve localidades del partido de Badajoz, reseñando muy especialmente los que tuvieron un rol destacado en el Nuevo Mundo.
En la centuria decimonónica se desarrolló un renovado interés por la historia local y regional y esta tierra no fue una excepción. Entre esos autores, hay que citar a José de Viú y Moréu, un jurista aragonés, que arraigó en Extremadura, y fomentó el regionalismo, destacando la gesta de los conquistadores extremeños. Bien es cierto que hizo una de las primeras reflexiones críticas, al relacionar el atraso de la región con la emigración a América. Por su parte, Vicente Barrantes fue otro de los autores decimonónicos que trató de recuperar la historia regional de Extremadura, ponderando, la labor generadora de los grandes conquistadores.
Tratando de reforzar sus mitos identitarios, Galicia, Cataluña, las islas Baleares, Castilla y León y Extremadura, reclamaron ser la patria de Cristóbal Colón. El origen extremeño del descubridor se fundamentó en una simple confusión de la Piacenza italiana, en la que decía Hernando Colón que había muchos parientes de su estirpe, con la Plasencia extremeña. Esta teoría la recogió Pascual Madoz, en su prestigioso Diccionario enciclopédico, al sostener que sus padres eran placentinos, emigrados a la ciudad del Tirreno. De ahí lo tomó el historiador, arqueólogo y coleccionista Vicente Paredes Guillén que, en 1903, publicó un ensayo en la Revista de Extremadura, tratando de demostrar la hipótesis del Colón placentino, nieto del converso Pablo de Santa María, mitrado primero de Cartagena y luego de Burgos. Según su estudio, cuando el conde de Ledesma se hizo con la ciudad, varias familias, partidarias del condestable Álvaro de Luna, debieron salir de la urbe, entre ellas la madre del descubridor, que viajó ya embarazada. Bastante tiempo después, en los años cuarenta del siglo pasado, el párroco de Oliva de la Frontera (Badajoz), don Adrián Sánchez Serrano, volvió a poner de actualidad la idea del Colón extremeño. Pero para él, ya no era Placentino sino olivero, nacido concretamente de la finca La Colomera, en la que había una estela que él interpretaba que era de los Veragua, pero que varios arqueólogos demostraron que no tenía nada que ver con esa familia. Incluso manifestó públicamente que poseía la partida de bautismo del célebre marino, documento que, obviamente, no pudo aportar cuando le fue requerido.
Con motivo del IV Centenario del Descubrimiento, algunos organismos, como las diputaciones provinciales, o los propios ayuntamientos aportaron algunos recursos -siempre muy limitados-, por lo que se suele decir que hubo más entusiasmo que medios. Se crearon comisiones para conmemorar la efeméride e, incluso, por primera vez, se declaró festivo el 12 de octubre. En Badajoz se celebró una Exposición Regional, auspiciada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País, destacando el papel de heroico de los conquistadores. Mientras tanto, en Cáceres, una junta promotora encargó a Publio Hurtado (1850-1929), miembro correspondiente de la Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando, la redacción de una obra sobre indianos cacereños que se publicó finalmente en 1892. En este mismo año el estudioso barcarroteño Luis de Villanueva y Cañedo dio a la estampa su monografía sobre su paisano Hernando de Soto. Asimismo, otro erudito destacado, el cacereño Eugenio Escobar Prieto, deán de la catedral de Plasencia, que fue un estrecho colaborador del ya citado Publio Hurtado en la Revista de Extremadura, se mostró muy activo. Se interesó muy especialmente por los asuntos indianos y en 1900 dio a la estampa en la citada revista un trabajo titulado Los frailes extremeños en América y Filipinas. Asimismo, prestó una gran atención a la figura del brocense frey Nicolás de Ovando, comendador de la Orden de Alcántara y gobernador de las Indias. Fruto de su investigación fue una primera biografía del comendador mayor, publicada en el n. 3 de la Revista de Extremadura, correspondiente a 1901, la cual fue recogida posteriormente en su notable obra Hijos ilustres de la villa de Brozas. Al mismo autor hemos de atribuir la publicación, poco después, de una carta inédita que el gobernador escribió en la fortaleza de Concepción de la Vega en 1505 y que es la única de esa naturaleza que se ha conservado del personaje.
A principios del siglo XX, el cura de la parroquia de San Martín, Eduardo Rodríguez Gordillo publicó en fascículos periodísticos sus Apuntes históricos de la Villa de Medellín, en el que le dedicó bastante espacio al hijo más ilustre de la localidad, Hernán Cortés. Se trata de un valiosísimo texto que acertadamente ha sido editado en formato de libro en 2015, por la Federación Extremadura Histórica. Por aquellos años empezaba a destacar el periodista y ensayista José López Prudencio (1870-1949) que siempre reivindicó los vínculos culturales y sociales entre Extremadura e Hispanoamérica.
En la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, la región tuvo una notable participación, pese a lo limitado de los recursos. Pese a las dificultades para recabar financiación, finalmente dispuso de un pabellón propio en el entorno de la Plaza de España -desgraciadamente desaparecido-, siendo su delegado el escritor de Alconera Enrique Real Magdaleno que después sería sustituido por el catedrático de instituto Ángel Rubio y Muñoz-Bocanegra. El contenido se centró en torno a los grandes personajes de la conquista, como Cortés, Pizarro o de Soto, aunque no faltaron alusiones a la emigración, a la riqueza natural de la región o a su pasado milenario.

En este contexto, se produjo un renovado interés por los temas indianos, aunque básicamente partió de la iniciativa individual de los distintos investigadores que aprovecharon la ocasión para conseguir financiación para la impresión de sus respectivas investigaciones. Publio Hurtado había preparado una obra titulada Los extremeños en América, fruto de la ampliación a toda la región de su trabajo de 1892, que inicialmente se limitada a los cacereños. Sin embargo, el 3 de enero de 1929, pocos meses antes de su publicación, falleció sin llegar a verla impresa. Fueron sus herederos quienes finalmente, en 1992, con motivo del V Centenario, la imprimieron, aunque, al ser una autoedición, ha tenido una escasísima difusión. Asimismo, en 1929 vio la luz una obra de gran trascendencia firmada por el alcantarino Antonio del Solar y Taboada, en colaboración con José de Rújula y Ochotorena, VIII marqués de Ciadoncha, alusiva a Hernando de Soto, así como una reedición de la obra de Luis de Villanueva y Cañedo sobre ese mismo personaje. Por su parte, Ángel Rubio y Muñoz-Bocanegra dio a la estampa un pequeño trabajo titulado Extremadura y América, muy conciso pero ilustrado y tocando distintos temas como la emigración, la conquista y, por primera vez, la toponimia extremeña en el Nuevo Mundo. Solo tres años después, en 1932, Miguel A. Ortí Belmonte publicó un texto sobre los Ovando y los Solís de Cáceres, indagando en personajes muy ligados al mundo indiano, como frey Nicolás de Ovando o Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias. Belmonte era natural de Córdoba, pero desempeñó buena parte de su actividad profesional en Cáceres, ostentando entre otros cargos el de Cronista Oficial de esa ciudad.
3.-DE LOS ERUDITOS DEL SIGLO XX AL V CENTENARIO
En el ecuador del siglo aparecieron varios autores que ejercieron un gran influjo incluso en el americanismo español. Empezaremos hablando del médico, poeta y erudito Celestino Vega Mateos (1901-1970), un enamorado y conocedor de la figura de Hernán Cortés. Era natural de Serradilla, en Cáceres, pero, tras estudiar la carrera de medicina, se afincó de manera definitiva en la ciudad badajocense de Don Benito. Durante toda su vida fue un amante de las humanidades, escribiendo obras de teatro y poesía, así como algunos ensayos históricos. Celestino Vega forma parte de esa gran tradición de médicos humanistas, que han destacado en las letras y en las artes desde la antigüedad a nuestros días. Como ya hemos dicho, la figura del conquistador metelinense fue una de sus grandes pasiones, lo que le llevó a indagar durante décadas en biografías, colecciones documentales y archivos de toda España. Poseyó una buena colección de libros sobre el personaje y además se dedicó a tomar notas, recopilando información de toda la obra escrita que estuvo a su alcance en aquellos momentos. Pese a ser uno de los mejores conocedores de su tiempo de su figura dejó muy poca obra impresa, apenas un esclarecedor artículo sobre la hacienda y las rentas de la familia Cortés en Medellín.
Asimismo, el sacerdote extremeño José V. Corraliza (Villanueva de la Serena, 1891- Sevilla, 1983), se interesó por diversos temas de la historia de Extremadura. Su hallazgo documental más destacado lo hizo en el fondo Cervantes de la Biblioteca Nacional: la única carta personal e íntima que redactó Hernán Cortés desde Tenochtitlan en 1524. La publicó en 1947 en la madrileña Revista de Indias, del C.S.I.C., siendo reeditada posteriormente en la Revista de Estudios Extremeños y, en fechas mucho más recientes, en un libro recopilatorio de toda su producción escrita (2007).
Pero fue a mediados del siglo pasado cuando apareció el más prolífico de los historiadores extremeños, Miguel Muñoz de San Pedro, conde de Canilleros, que dio a la estampa un buen número de libros y artículos, centrándose muy especialmente en los conquistadores extremeños. Su labor investigadora fue extraordinariamente fecunda, aportando muchos datos inéditos que siguen siendo de referencia obligada para todos los estudiosos actuales. Evidentemente, su narrativa es la propia de su tiempo, usando expresiones muy sonoras y grandilocuentes como la tierra donde nacían los dioses o la gesta de los extremeños en América. Una época en la que se hablaba de los héroes de la raza, de gigantes de la patria que ensancharon las fronteras de la cristiandad. Huelga decir que ello no desmerece en absoluto sus grandes aportes, pues como todo libro de historia es fruto de su tiempo. En esas mismas fechas el trujillano Juan Tena Fernández, sacerdote, archivero local y Cronista Oficial de la ciudad, redactó varios libros sobre el hijo más ilustre, Francisco Pizarro (1945) y sobre la monumentalidad de Trujillo (1967).
Ya en 1978 apareció otro de los trabajos que siguen siendo de referencia obligada sobre la emigración titulado, en línea con la mentalidad de entonces, Epopeya de la raza extremeña en la Indias. En este texto su autor, el presbítero granadino establecido en Extremadura Vicente Navarro del Castillo, estructuró por localidades un catálogo biogeográfico de más de seis mil indianos originarios de un total de 248 pueblos de la región. La obra no tardó en convertirse en un clásico que seguimos manejando en la actualidad todos los que nos dedicamos a los estudios americanistas de Extremadura en la Edad Moderna. Por esas mismas fechas, el IX marqués de la Encomienda, don Mariano Fernández-Daza, bibliófilo, mecenas y erudito, estaba creando un gran repositorio de temas extremeños, dando una especial relevancia a los asuntos relativos al descubrimiento y a la conquista. Actualmente, y desde su creación, esta biblioteca, pese a su carácter privado, presta un servicio público y gratuito, siendo una de las más valiosas, tanto en temas extremeños en general como en particular de su vinculación con América.
Durante toda esta larguísima etapa hasta el tercer cuarto del siglo XX el americanismo extremeño se mantuvo en la misma tónica: no existían líneas de investigación planificadas ni nada parecido a una escuela de americanistas, limitándose todo a la existencia de intelectuales aislados que destacaban las proezas de los extremeños al otro lado del charco. La aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura en 1983 constituyó un nuevo hito ya que se incluyó entre sus objetivos estrechar los vínculos humanos, culturales y económicos con Hispanoamérica. Quedaban nueve años para la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento y la Junta de Extremadura se implicó directamente. Era la primera vez que en la región se auspiciaba el americanismo desde las más altas instancias gubernativas y, de hecho, se pusieron bastantes recursos para participar brillantemente en la EXPO 92 de Sevilla, con un pabellón propio en el que, una vez más, tuvieron un lugar preeminente figuras como Hernán Cortés, Francisco Pizarro o Hernando de Soto.

Ya en los años previos a la conmemoración se contribuyó a la publicación de un buen número de obras con un marcado perfil científico, en las que por fin se superaron los viejos tópicos que aludían a la mitificación épica de estos conquistadores. Se organizaron importantes congresos científicos, entre ellos el de Hernán Cortés y su tiempo, celebrado en noviembre de 1985, el de Extremadura en la evangelización del Nuevo Mundo, organizado en Guadalupe en octubre de 1988, o el de Hernando de Soto y su tiempo, desarrollado en 1992. A nivel institucional, el 28 de septiembre de 1992 se fundó en Mérida el CEXECI, es decir, del Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica. El organismo tuvo un papel discreto en el refuerzo de estos vínculos, creando una biblioteca Iberoamericana que después pasaría a la Universidad de Extremadura. Entre sus publicaciones más interesantes está la obra Extremeños en el Nuevo Mundo, con textos de Jesús Sánchez Adalid, en una edición ilustrada con imágenes de gran calidad.
Asimismo, desde la Junta de Extremadura se puso en marcha un proyecto editorial llamado Extremadura ENCLAVE 92 que publicó, en solitario o en colaboración con la Sociedad Estatal Quinto Centenario, numerosos trabajos de gran calidad sobre la emigración, como los de Luis Garraín Villa (1991), Rocío Sánchez Rubio (1993) y Encarnación Lemus López (1993). Igualmente, patrocinó la edición de una obra de gran formato, titulada Extremadura y América, impresa en 1990 por Espasa-Calpe, como uno de los tomos de su Gran Enciclopedia de España y América. Un volumen magnificamente editado y con unos contenidos muy cuidados, dirigidos por el profesor de la Universidad de Extremadura Salvador Andrés Ordax. En la obra colaboraron los principales intelectuales extremeños o vinculados a Extremadura, entre ellos Melquiades Andrés Martín, Manuel Terrón Albarrán, Francisco Javier Pizarro Gómez, Ángel Rodríguez Sánchez, Antonio Viudas Camarasa y Antonio José Campesino Fernández, entre otros.
Otras instituciones, como las diócesis de Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia, presentaron un ambicioso trabajo con las biografías de los misioneros extremeños en Hispanoamérica y Filipinas (1993), dirigido por el ya citado Prof. Melquiades Andrés Martín. Asimismo, desde la Fundación MAPFRE se organizó una gran colección americanista, en la que se incluyó un libro específico sobre Extremadura y América (1992), firmado por el profesor segoviano Mariano Cuesta Domingo. Las diputaciones provinciales también contribuyeron al americanismo, incluyendo muchos trabajos de temática indiana, fundamentalmente en dos publicaciones periódicas muy señeras, como es Alcántara, editada por la Diputación de Cáceres, y la Revista de Estudios Extremeños, por la de Badajoz. También instituciones económicas extremeñas, como la Fundación Caja Badajoz, patrocinaron ponencias y financiaron la edición de algunas obras, la más destacada de todas el Atlas toponímico extremeño-americano (1985), firmado por el historiador Mariano Cuesta Domingo y el geógrafo Manuel Muriel Hernández.
A la sombra de este interés por los temas indianos, algunos autores a título individual realizaron también valiosas contribuciones. Entre ellos hay que destacar al canónigo archivero diocesano de Badajoz, Eladio Méndez Venegas, quien publicó varias obras, entre ellos Fundaciones de indianos badajocenses (1987) y Emigrantes a América (1995). Tampoco podemos olvidar el extraordinario trabajo del archivero del monasterio de Guadalupe, fray Sebastián García O.F.M., que redactó numerosos artículos y varios libros de temática indiana, el más destacado de ellos titulado: Guadalupe de Extremadura en América (1991).
Asimismo, hubo otros historiadores extremeños o vinculados a la región que, desde sus respectivos ámbitos, y de manera personal e independiente, editaron una amplia obra americanista. Entre ellos, hay que empezar hablando de la Dra. Purificación Gato Castaño, profesora de Teoría de la Educación en la Facultad de Educación de Badajoz. Su línea de investigación principal fue la educación y la evangelización en el Río de la Plata durante el siglo XVIII, destacando especialmente sus estudios sobre la obra de José Antonio de San Alberto. Por su parte, el Dr. Luis Vicente Pelegrí Pedrosa, un americanista natural de Castuera que se desempeña como profesor de instituto, ha publicado desde finales del siglo pasado numerosos estudios, entre ellos varios relacionados con las inversiones indianas en su pueblo natal y en Cáceres. En cuanto al Dr. Esteban Mira Caballos, un carmonense afincado en Almendralejo, ha dado a la estampa varias biografías sobre los conquistadores extremeños, impartiendo numerosas charlas, ponencias y conferencias sobre la temática. Tampoco podemos olvidar a don José Miguel de Mayoralgo y Lodo, conde de los Acevedos, experto en genealogía, que en 1991 imprimió una monumental obra sobre la Casa de Ovando, que resulta esencial para conocer los orígenes familiares de muchos indianos de este linaje. Y no menos prolífico ha sido el médico y académico Víctor Guerrero Cabanillas quien posee una amplia trayectoria, destacando títulos como La encomienda de Lares (2013) o Extremeños en el Nuevo Reino de Granada (2021). Desde el campo de la historia del arte también se han realizado grandes aportaciones por parte de profesores de la UEX, de entre los que no podemos dejar de citar al Dr. Francisco Javier Pizarro y a la Dra. Rosa Perales Piqueres, que se han organizado en torno al grupo de investigación Extrem@merica. Éste se dedica fundamentalmente a temas artísticos, aunque ha contado entre sus miembros con Sixto Sánchez-Lauro, en este caso especializado en Derecho Indiano. También quiero recordar los aportes de la Dra. Cristina Esteras Martín, vinculada a Extremadura, que ha realizado numerosos aportes relacionados con las vinculaciones artísticas entre Extremadura y América. Y finalmente, no puedo dejar de mencionar a numerosos cronistas oficiales, eruditos e historiadores locales que han escrito trabajos sobre la participación de personajes de su tierra en la aventura indiana; entre ellos, Feliciano Correa Gamero, José Antonio Ramos Rubio, Tomás García Muñoz, José Muñoz Gil y Juan Francisco Rivero, cronistas oficiales de Jerez de los Caballeros, Trujillo, Medellín, Feria y Brozas respectivamente.
En definitiva, desde el siglo XVII al XX el americanismo extremeño se ha debido a la labor individual de muchos eruditos, cronistas e historiadores que fijaron su atención y su interés en personajes extremeños relacionados con América. Y aunque las instituciones han colaborado activamente, sobre todo desde el último tercio del siglo pasado, no podemos hablar de una escuela americanista extremeña, ni tan siquiera de la existencia de unas directrices estratégicas, ni de unas líneas de investigación prioritarias.
4.-LOS GRANDES CAMBIOS DEL SIGLO XXI
Después de los éxitos de Extremadura vinculados al V Centenario tocaba continuar con esta dinámica. La Universidad de Extremadura ha desarrollado un importante papel desde su fundación en 1973. Pese a que editaba revistas científicas, como Norba. Revista de Historia y Norba. Revista de Arte, que siempre han incluido numerosas investigaciones de temática indiana, seguía sin haber a principios de este siglo una titularidad de Historia de América. Afortunadamente la anomalía se corrigió, el 29 de marzo de 2001 cuando el BOE publicó el nombramiento del Dr. Fernando Serrano Mangas como Profesor Titular de dicha área en la UEX. Era natural de Salvaleón y se había formado como americanista en la Universidad de Sevilla, teniendo como director de tesis al Dr. D. Luis Navarro García. Cuando obtuvo la plaza de titular era un reconocido experto en temas navales, con una larga trayectoria docente, que inició como profesor de instituto y continuó en el área de Historia e Instituciones Económicas en la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad de Extremadura. Debe destacarse que Fernando Serrano, ya a finales del siglo XX, intentó organizar una Asociación de Americanistas Extremeños. Se celebraron varias reuniones para este fin, la mayoría de ellas en la Facultad de Educación de Badajoz, contando con la participación de los profesores Fernando Cortés Cortés, Julio Fernández Nievas, María de la Paz González Rodríguez, Purificación Gato Castaño y el que escribe estas líneas, aunque es posible que se me olvide algún nombre. Se llegaron a tramitar unos estatutos, inspirados en los de la Asociación Española de Americanistas, y creo recordar que, incluso, se llegaron a registrar para constituirnos oficialmente. Sin embargo, finalmente no hubo empeño para llevar adelante el proyecto, en parte debido a la heterogeneidad del grupo fundador, y también por ciertas diferencias de criterios entre sus miembros. Asimismo, el Dr. Serrano auspició la celebración, en Badajoz, Jerez de los Caballeros y Zafra, del IX Congreso Internacional de Historia de América, de la Asociación de Americanistas Españoles. El evento se celebró entre el 20 y el 29 de septiembre del año 2000, contando con el patrocinio de la Junta de Extremadura, la Diputación de Badajoz, el Ministerio de Educación y Cultura y la Caja de Extremadura, con un notable éxito de participación pues se expusieron más de un centenar de comunicaciones. Por desgracia, Fernando Serrano, el 19 de enero de 2015, falleció prematuramente, tras una fecunda carrera investigadora, dejando huérfano al americanismo extremeño.
Afortunadamente esta orfandad duró poco porque salió a concurso la plaza que había quedado vacante, siendo adjudicada al Dr. Sigfrido Vázquez Cienfuegos, que regresaba a España después de haber impartido docencia en la República Checa entre 2008 y 2009 en la Universidad Económica de Praga y, entre 2013 y 2016, en el Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad Carolina de la misma ciudad (con un intermedio de tres años como investigador de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, en Sevilla entre 2009 y 2012). Recientemente, en el BOE del 20 de marzo de 2024, ha sido nombrado Profesor Titular de Historia de América de la UEX por lo que, nueve años después, vuelve a haber una titularidad universitaria de esta especialidad. Sobre el Prof. Vázquez Cienfuegos debo decir que se trata de un americanista de vocación, curiosamente formando, al igual que Fernando Serrano y el que escribe estas líneas, en el grupo del Dr. D. Luis Navarro García. Por suerte, además de su demostrada valía como investigador y muy especialmente como docente, su principal virtud, a mi juicio, es su espíritu dialogante, tolerante e integrador. Por eso, está consiguiendo algo hasta ahora inimaginado: unir a todos los americanistas vinculados a Extremadura que trabajan en diversos centros universitarios y de investigación de Europa y de América. De hecho, está coordinando la Red Ibero- Americanista Extremeña que actualmente cuenta con veintitrés miembros y que es un buen punto de partida para proyectos de colaboración que ya están en marcha. Una de sus líneas de investigación versa sobre las políticas americanas del badajocense Manuel Godoy sobre lo que ya ha publicado algunos trabajos. Actualmente dirige tesis doctorales sobre distintas temáticas americanistas que prometen novedosos aportes en un futuro próximo.
Sin salir de la Universidad de Extremadura sería injusto no citar a algunos modernistas que han desarrollado una prolífica producción bibliográfica de temática americanista, especialmente la Dra. Rocío Sánchez Rubio, sola o en colaboración con la Dra. Isabel Testón, así como arqueólogos como el Dr. Ignacio Pavón Soldevilla, o el especialista en relaciones internacionales, el Dr. Francisco Javier Rodríguez Jiménez.
Es importante ponderar que hay otras instituciones extremeñas que fomentan los puentes y refuerzan los lazos con Iberoamérica. Entre ellas quiero empezar citando a la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, fruto de la fusión, en octubre de 2017, de dos Fundaciones, la Academia Europea de Yuste y el Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica (CEXECI). Se trata de una entidad pública sin ánimo de lucro, de carácter cultural, científico, investigador y divulgador. Desde la fusión, la institución ha auspiciado numerosos eventos que han tratado de reforzar esos puentes, con jornadas, conferencias y publicaciones.
La Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura, instituida el 20 de diciembre de 1979, con sede en el Palacio de los Lorenzana de Trujillo, también ha contribuido a destacar esas relaciones. De hecho, en el artículo 2º de sus estatutos fundacionales establece que en el desarrollo de sus actividades prestará singular atención a Hispanoamérica por su estrecha vinculación con nuestra historia… Su propia sede fue una donación del marqués de Lorenzana, cuyo primer titular, Álvaro Pérez de Quiñones, fue gobernador de Panamá y Guatemala. Recientemente, entre 21 y el 26 de octubre de 2024, ha organizado bajo la coordinación del periodista y académico José Julián Barriga y el Prof. Sixto Sánchez-Lauro un Congreso Internacional sobre los Doce Apóstoles de México, salidos del convento de Belvís de Monroy. Contra todos los pronósticos, la jornada fue un gran éxito, teniendo una significativa repercusión mediática en la prensa nacional e hispanoamericana. Actualmente, la institución muestra un renovado interés por cuidar y reforzar estos los lazos, dando cumplimiento a sus propios estatutos, por lo que ya proyecta varias jornadas que se celebraran a corto y a medio plazo.
Creo que es de justicia encarecer la gran labor realizada por la Fundación Obra Pía de los Pizarro, con sede en el Palacio Barrantes Cervantes de Trujillo, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, pues fue instituida por Hernando Pizarro, uno de los conquistadores del Perú. Cinco siglos después, bajo el patronazgo de don Hernando de Orellana Pizarro, está más activa que nunca y mantiene multitud de convenios de colaboración, en su obra social y cultural, con Trujillo, Extremadura e Hispanoamérica. Creo que es un caso único de pervivencia durante cinco siglos de una institución con vocación americanista que invierte buena parte de sus rentas en proyectos culturales y universitarios peruanos. De hecho, tiene un marcado carácter peruanista, siguiendo la voluntad e identidad de sus fundadores y colabora con organismos como la Universidad del Pacífico, la Academia Nacional de la Historia del Perú, el Museo Pedro de Osma y el cabildo catedralicio de Lima. Además, su sede trujillana es a día de hoy un referente en nuestro país de la cultura, la historia y el arte Iberoamericano. Se cuentan por decenas las exposiciones, conciertos, ciclos de conferencias, jornadas y presentaciones de libros que se realizan cada año en su sede trujillana. Son especialmente destacadas sus jornadas de historia de Extremadura y América que se celebraran desde el año 2013, y que en el año pasado año de 2024 ha reunido a representantes de catorce academias Hispanoamericanas, junto a la española y la extremeña, con la presencia del Su Majestad Felipe VI.
Por su parte, la Asociación de amigos de Bradenton, a la cual tengo el honor de pertenecer como miembro honorario, fomenta las relaciones entre Extremadura y Los Estados Unidos, tierra que fue recorrida por el conquistador Hernando de Soto. Hay dos asociaciones, una en Bradenton, Florida, y otra en Barcarrota, que mantienen relaciones ininterrumpidas desde el año de 1962 en que ambas poblaciones se hermanaron. Además de escenificar la llegada de Hernando de Soto a la bahía de Tampa, tiene entre sus actividades el intercambio de estudiantes, permitiendo que algunos jóvenes de Barcarrota sean bilingües, igual que los de Bradenton. Aunque a pequeña escala, se trata de un enriquecimiento cultural mutuo, habiendo creado un puentecito de plata entre las dos localidades, separadas por un océano. Instituciones como ésta, que parten de la iniciativa privada y espontánea de personas de a pie, sin financiación pública, ejemplifican muy bien el camino a seguir.
Tampoco debemos olvidar la importancia que tiene la temática en los encuentros de historia que se celebran en muy distintas ciudades y villas de la región. Y hay que empezar hablando de las jornadas decanas, los Coloquios Históricos de Extremadura que se celebran en Trujillo de forma ininterrumpida desde hace más de medio siglo. La temática relacionada con América siempre ha tenido un tratamiento preferente e incluso, desde 2008, la ya citada Fundación Obra Pía de los Pizarro concede un premio anual a la mejor comunicación relativa a esa materia. Han publicado decenas de ponencias y comunicaciones de temática americana, dedicándose jornadas a personajes como Hernando de Soto (1989), Francisco Pizarro (1991), Vasco Núñez de Balboa (2012) o Hernán Cortés (2015). Especial énfasis hay que poner en la Federación Extremadura Histórica, fundada en el año 2013 en Garrovillas de Alconétar y constituida oficialmente al año siguiente, que agrupa a las principales asociaciones históricas de la Comunidad Autónoma. Fue presidida inicialmente por el Dr. Francisco Zarandieta Arenas y después por el Prof. José Ángel Calero Carretero y, pese a sus pocos recursos, ha venido realizando un gran esfuerzo, convocando varios eventos de repercusión nacional e internacional. En relación a la temática que ahora nos ocupa organizó el de Hernán Cortés en el siglo XXI, coincidiendo con el V Centenario de su llegada a México, en Medellín y Trujillo, entre el 4 y el 6 de abril de 2019. En él participaron los principales cortesianistas del mundo y dio lugar a la publicación en 2020 de un volumen de más de 1.200 páginas. Asimismo, en octubre de 2023 auspició la celebración de las VI Jornadas de Historias Locales de Extremadura, dedicadas al descubrimiento de América y cuyas actas se han publicado en febrero de 2025.
Sería largo detallar otras muchos congresos, seminarios o jornadas celebradas en la Comunidad Autónoma en las que también se ha abordado, incluso monográficamente la temática americana, entre ellas las de Llerena, Zafra, Los Santos de Maimona, Villanueva de la Serena y Almendralejo. Concretamente, en esta última ciudad, se celebró entre el 17 y el 19 de noviembre de 2022 unas jornadas tituladas Extremadura y América: un viaje de ida y vuelta, en las que se presentaron tres ponencias y diez comunicaciones alusivas a la temática. En ese mismo año la Asociación Española de Americanistas organizó, tras veintidós años, un segundo evento en la región: el XI Simposio Internacional de la Asociación Española de Americanistas (AEA), titulado América y Extremadura: pensamiento, sociedad e intercambios, que tuvo lugar en Plasencia del 15 al 17 de junio de 2022, bajo el auspicio de la Universidad de Extremadura y la Universidad Complutense de Madrid. No ha sido casual que varios integrantes de la junta directiva de dicha asociación sean americanistas de origen extremeño; entre ellos, está Miguel Luque Talaván, profesor de la Universidad Complutense, que posee una extraordinaria trayectoria docente e investigadora. A la misma universidad pertenece Carlos Moreno Amador, que organiza anualmente unas jornadas históricas de la Mancomunidad Zafra-Río Bodión, en la que nunca falta la temática indiana.
Para acabar, quiero mencionar a un nutrido grupo de americanistas extremeños, de larga trayectoria, que trabajan en distintas universidades u otras instituciones científicas y que no olvidan las relaciones de su tierra natal con América. Entre ellos, se encuentra el Dr. Justo Cuño Bonito, discípulo del recordado Prof. Juan Marchena, que desarrolla su trabajo en la Universidad Pablo de Olavide y el Prof. Antonio Santamaría García, investigador en el Instituto de Historia del CSIC. Y asumiendo el riesgo de olvidar algún nombre, por lo que pido disculpas por anticipado, quería destacar a otros jóvenes americanistas naturales o vinculados con Extremadura, como José María Fernández, Vicente Pajuelo, Alfonso Hernández, Juan José Batalla, Ana Belén Gallardo, Sandra Taborda, Carmen Gallego y Víctor Pereira.
5.-EL FUTURO DEL AMERICANISMO
Recientemente se han dado pasos encaminados a superar ciertas reticencias por parte de las autoridades y de las instituciones. El expresidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, se ha mostrado a favor de la inhumación de las reliquias de Hernán Cortés en un pequeño mausoleo instalado en la parroquia de San Martín de su Medellín natal. Se trata de unos trozos de la urna del conquistador en México y polvo de sus huesos que fueron entregados en 1547 al farmacéutico santanderino Leonardo Gutiérrez y que, por mediación de doña Matilde Muro, se encuentran depositados actualmente en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres. El acto institucional se realizará posiblemente en el tercer trimestre de este año de 2025. La idea es hacerlo con la solemnidad que la ocasión merece y con la presencia de una amplia representación de las autoridades civiles y castrenses, así como de la intelectualidad extremeña. Incluso, se está barajando la posibilidad de incluir en los días previos algunas actividades culturales, incluyendo unas jornadas científicas para tratar algún aspecto relacionado con la conquista.
Asimismo, la actual presidenta de la Junta, María Guardiola, ha destacado en los actos del día de Extremadura del pasado año, su idea de reforzar y ponderar estos vínculos con Iberoamérica. Y como un primer paso encargó a la Fundación para la Promoción de la Cultura Extremeña, dirigida por Carmen Sánchez Risco, que lidera el programa Extremestiza, la conmemoración del quinto centenario del primer viaje de Francisco Pizarro a Perú que se realizó, el 14 de noviembre de 2024, en el palacio del marqués de la Conquista de Trujillo y posteriormente en la madrileña Casa de América. A mi juicio, se trata de un pequeñísimo preludio de lo que puede ser un nuevo ciclo en el que las autoridades, liberadas ya de sus seculares prejuicios, contribuyan a afianzar y reforzar los vínculos y las relaciones entre los dos lados del charco. Y la única forma de hacerlo de la manera correcta es dándole la voz a investigadores de reconocida solvencia, que expliquen la historia sin entrar en diatribas ideológicas.
A mi juicio, hay un gran reto pendiente a nivel institucional que de no solucionarse podría lastrar cualquier objetivo que se plantee en relación al americanismo. Es necesario coordinar esfuerzos y alcanzar acuerdos de colaboración entre la Fundación Europea e Iberoamericana de Yuste, la Fundación Obra Pía de los Pizarro, la Fundación para la Promoción de la Cultura Extremeña, la Real Academia de las Letras y las Artes y la Universidad de Extremadura. Se trata de remar todos juntos en la misma dirección, evitando duplicidades y rivalidades personalistas que no aportan nada bueno.
En relación a la investigación histórica quiero destacar que queda mucho trabajo por delante. Sin ánimo de ser exhaustivo, hay varias líneas de investigación que habrá que desarrollar en el futuro:
Primero, la temática de la emigración que pese a los avances sigue siendo mucho lo que desconocemos. De hecho, en los archivos locales extremeños continúan apareciendo decenas de emigrantes que no figuran en los listados oficiales de la Casa de la Contratación. Por tanto, los archivos locales -muchos de ellos inexplorados- constituyen un ingente filón para ir sumando uno a uno, nuevos nombres, y poder conocer algún día la magnitud real de este proceso. Además, aún no se ha realizado un catálogo de los pasajeros emigrados en el siglo XVIII, a diferencia de los que disponemos para los dos siglos precedentes. Y aunque, el flujo disminuyó de manera ostensible, eso no significa que podamos obviar ese estudio y conocer las causas y consecuencias exactas de ese descenso.
Segundo, otra línea pendiente de estudio es el caso de las decenas de indígenas, mestizos y criollos que llegaron a la región, así como su integración en la sociedad extremeña. Conocemos algunos casos concretos, pero está por hacer un estudio completo en el que analice muchos otros casos y explique globalmente las circunstancias en las que vivieron y su inclusión en la sociedad y en la genética extremeña.
Tercero, sigue estando poco explorado el impacto de las inversiones de origen indiano. Tradicionalmente se había pensado que las inyecciones de capital americano no habían mejorado significativamente la economía de la España y la Extremadura rural. Sin embargo, ya hace unos años el profesor Vázquez de Prada, advirtió de la posibilidad de que una parte de estos caudales, los de los pequeños comerciantes y propietarios, se hubiesen inyectado en el circuito de una economía productiva. Algunas investigaciones relativamente recientes han demostrado definitivamente la importancia que tuvieron en la precaria economía extremeña. En un trabajo firmado por Luis Vicente Pelegrí se demostró que, entre 1541 y 1689, llegaron a Cáceres y a Castuera más de 85 millones de maravedís lo que implicaba una media de más de 578.000 maravedís anuales para ambas localidades. Pero no olvidemos que, a finales del siglo XVI, Cáceres no llegaba a los 7.000 habitantes, mientras que Castuera estaba en torno a los 1.500. También conocemos el caso de Zafra, villa que recibió entre 1552 y 1665 más de 37 millones de maravedís. ¿Qué impacto tuvieron estos caudales? Se trata de cantidades enjundiosas que inyectaron liquidez a las economías locales. Habida cuenta que estamos hablando de una época donde se movía menos dinero, su influencia debió ser considerable. Ricos y pobres se beneficiaron, los primeros a través de las muchas compañías que participaron de una u otra forma en el negocio indiano y los segundos gracias a las remesas que recibían de sus parientes emigrados y de algunas obras pías de las que fueron beneficiarios. Ahora bien, llegó muchísimo dinero; una parte de él se invirtió en casas solariegas, iglesias, conventos, obras de arte y en mitigar las necesidades de los más pobres. Pero seguimos sin explicarnos qué fue de esas fortunas privadas que se formaron a partir de los negocios ultramarinos y por qué esta burguesía comercial no dio paso a otra industrial.
Y cuarto, está prácticamente inédito el estudio de las relaciones en la Edad Contemporánea, especialmente intensa en durante la Guerra Civil (1936-1939), la postguerra y la época franquista, cuando muchos extremeños acabaron afincándose en distintos rincones del continente americano.
Ni que decir tiene que la relación entre Extremadura y América da para el desarrollo de otras muchas líneas de investigación, quizás más ajenas a mis intereses personales pero que están ahí: artísticas, iconográficas, culturales, gastronómicas, etc. Por ejemplo, en algunos inventarios de bienes de los siglos XVII y XVIII salen piezas como cuencos para chocolate, lo que invita a pensar en una temprana hibridación de la gastronomía. Las posibilidades son casi infinitas por lo que mis propuestas de trabajo, como ya he dicho, son solo las que más vinculadas están a mis propias inquietudes e intereses personales.
Y para finalizar, tan solo decir que actualmente el americanismo extremeño está más vivo que nunca, cuenta con un creciente apoyo institucional y lo más importante, con una buena cantera de jóvenes investigadores. Si, como ya hemos dicho, se alcanzan acuerdos de colaboración para remar todos en la misma dirección, y se deposita siempre la responsabilidad última en el ámbito científico, el futuro puede ser muy esperanzador. Estrechar vínculos con Hispanoamérica, es la mejor forma de construir la gran Extremadura que todos queremos.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
Cuesta, Mariano: Extremadura y América. Madrid, MAPFRE, 1992.
Lemús López, Encarnación: Extremadura y América: la participación regional en la Exposición Ibero-Americana de 1929. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1991.
—–, Ausentes en Indias. Una historia de la emigración a América. Mérida, Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1993.
Mira Caballos, Esteban: “Extremeños en Iberoamérica. Varios siglos de historia compartida”, Anuario del Boletín de la Academia de Yuste, T. 2, 2022, pp. 130-137.
Sánchez Rubio, Rocío: La emigración extremeña al Nuevo Mundo. Exclusiones voluntarias y forzosas en un pueblo periférico en el siglo XVI. Mérida, Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1993.
ESTEBAN MIRA CABALLOS
Artículo publicado en:
Revista Alcántara, n. 99, 2025, pp. 23-41
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