Esteban Mira Caballos

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28 DE OCTUBRE DE 1492. COLÓN LLEGA A CUBA, AUNQUE CREE ESTAR EN JAPÓN

11:31 por administrador1 Dejar un comentario

En cambio, aunque los indígenas eran grandes canoeros y conocían las rutas navales antillanas, parece que Colón no los usó como guías en su tránsito por las aguas caribeñas, y que improvisó los recorridos en función de sus propias ideas e intuiciones. El lunes 15 de octubre aportó a otra de las islas Bahamas que Colón rebautizó como Santa María de la Concepción, quizá la actual Rum Cay. Después rodeó dos islas, una a la que llamó Fernandina —la Long Island actual— y otra a la que bautizó como La Isabela —Crooked Island—, donde supo de la existencia de una tierra extensa y rica que los naturales llamaban, o eso entendió, Colba, es decir, Cuba. Ninguno de los topónimos que le dijeron se parecía al de Cipango, pero siendo tan grande y rica como decían, le pareció obvio que debía de tratarse de la casi legendaria isla citada por Polo.

Tardaría varios días en arribar a Cuba, debido a la falta de viento, y desembarcó el domingo 28 de octubre, posiblemente en la playa de Cayo Bariay, en el nordeste de la isla. La isla fue rebautizada con el nombre de Juana, en honor al príncipe don Juan, primogénito de los reyes. Al día siguiente, siguiendo una costumbre que mantendrá durante los cuatro viajes exploratorios, Colón decidió dejar clavada una cruz, aunque sin presencia de los indígenas, que se mostraron huidizos. Hasta el 1 de noviembre no pudo contactar con ellos y, a través del indígena Diego Colón, les comunicó que solo le interesaba saber si había metal precioso para rescatar. Y volvió a encontrar señales de que lo había, ya que observó que portaban un trozo de metal en la nariz, aunque esta vez por el color interpretó que era plata, y no oro. Seguía anotando posibles puertos, señalando sus cualidades, pensando siempre en futuras fundaciones de ciudades o fortalezas.

La tierra le pareció hermosa, llena de «buenos puertos y ríos hondos», como anota en su diario. Pero ¿dónde creía que estaba? Podía ser Cipango, es decir, Japón, pues muchos tratadistas, entre ellos el propio Toscanelli, decían que era una isla muy grande. No obstante, para asegurarse, volvió a tomar la altura y le salieron cuarenta y dos grados, por lo que también le pareció plausible que estuvieran en tierra firme, en Cathay. Seguía dudando, pero, aun así, el 2 de noviembre decidió enviar tierra adentro al judeoconverso Luis de Torres y al ayamontino Rodrigo de Jerez, acompañados por Diego Colón, para verificarlo. El objetivo era la localización del legendario Gran Khan en Hangzhou, para hacerle entrega de la carta de los Reyes Católicos e iniciar así las relaciones diplomáticas. Se internaron tierra adentro por espacio de doce leguas, pero, evidentemente, regresaron cuatro días después sin haber encontrado a ningún rey, ni más capital que un núcleo de población de cincuenta bohíos o casas pajizas. Y aunque regresaron con el cacique del pueblo y su hijo, Colón apenas le prestó atención y lo dejó volver a su tierra sin suscribir ningún tipo de pacto, como haría después con Guacanagarí en La Española. En realidad, se trataba de otra de sus fantasías, pues, además, ignoraba que el Gran Khan había sido depuesto más de un siglo antes y que su corte había estado en Pekín. De momento le pareció evidente que aquello no podía ser Cathay, como escribió en la carta anunciadora, aunque poco más de un año después cambiaría de opinión.

PARA SABER MÁS

Esteban Mira Caballos: Colón, El converso que cambió el mundo. Barcelona, editorial Crítica, 2025.

Esteban Mira Caballos

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