
Hoy leí este fragmento del gran escritor nicaragüense Rubén Darío, escrito en 1903, que me parece premonitorio y de una actualidad que parece escrito hoy. Ya he dicho muchas veces, que en el mundo actual, tan peligroso y cambiante el mundo hispano solo podrá sobrevivir unido y reconciliado con su pasado, por duro que este sea. Esta oda A Roosevelt, escrita en 1903 e incluida en su libro de 1905 Cantos de vida y Esperanza constituye una crítica descarnada al imperialismo yanki. Es marcadamente hispanista, pero destaca el mundo hispanoamericano, fruto de la fusión de lo prehispánico y lo hispánico, frente al coloso prepotente del norte que amenaza no solo a la América Hispana sino a toda la hispanidad.
Hay que leerlo, en el contexto de aquel tiempo, tras el desastre de la Guerra de los Cien Días (1898) en la que España perdió sus últimas colonias, y al manifiesto del presidente estadounidense Theodore Roosevelt, del 3 de noviembre de 1903, titulado “I took Panama”, es decir, Yo tomé Panamá. Solo quince días después se proclamaba la independencia de Panamá, con respecto a Colombia. Es una época en la que se sentía una profunda crisis espiritual, ante los grandes cambios de su tiempo. Darío contrapone el materialismo anglosajón con la espiritualidad de Hispanoamérica.

Rubén Darío.
ODA A ROOSEVELT (Rubén Darío)
“¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría que llegar hasta ti, Cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un profesor de energía, como dicen los locos de hoy.)
Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; en donde pones la bala el porvenir pones.
No.
Los Estados Unidos son potentes y grandes. Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león. Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos. Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida, cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América del gran Moctezuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Guatemoc: «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América que tiembla de huracanes y que vive de Amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española! Hay mil cachorros sueltos del León Español. Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras.
Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

ESTEBAN MIRA CABALLOS
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