
En una misiva dirigida por Juan Andrea Doria a don Juan de Austria le decía: ¿Preguntáis mi opinión, Señor?, yo os digo que el emperador vuestro padre, con una escuadra como ésta no hubiese cesado de combatir hasta ser emperador de Constantinopla. Como es bien sabido, al avance turco en el Mediterráneo solo se le oponía con contundencia la Casa de Austria. La cruz y la media luna frente a frente. Por lo demás, tan solo Venecia se sustraía a las acometidas turcas, aunque más bien debido a su destreza diplomática que a su capacidad militar. El desencadenante de la contienda de Lepanto se inició cuando Selim II, sucesor de Solimán, envió un ultimátum a los venecianos para que le entregasen Chipre. Los venecianos no cedieron, pero los turcos, en 1570, arribaron a la isla nada menos que con cien mil hombres. Ante tal situación Venecia pidió el auxilio de las naciones cristianas al que solo respondieron España y el Pontífice San Pío V. Eso les pareció suficiente, la espada temporal y la espiritual juntas para salvar a Venecia y a toda la cristiandad.
Don Juan de Austria, al mando de la escuadra de la Santa Liga, se enfrentó a la gran escuadra turca liderada por Alí Pachá. Tras cinco horas de recio combate la batalla se había decantado a de los cristianos. Era un 7 de octubre de 1571, desde entonces el Imperio mantuvo un control mucho mayor del Mediterráneo. Un año extremadamente simbólico para la historia del Imperio, en el que al tiempo que se libraba esta gran batalla por el control del Mediterráneo, Miguel López de Legazpi, fundaba muy lejos de allí la ciudad de Manila.
El coste humano fue extremadamente alto: 30.000 muertos entre las filas otomanas y 7.750 entre las de la Santa Liga, además de varios miles de heridos entre los dos bandos. Las cifras nos dan una idea de la magnitud y de la crudeza de los combates vividos en el golfo de Lepanto. Asimismo, de la aplastante victoria son muestra las 130 embarcaciones otomanas capturadas, los 1.723 esclavos y los 12.000 cristianos liberados.
La ofensiva acabó a las 16:00 horas del 7 de octubre y Felipe II no supo de la victoria hasta el 29 de octubre, es decir, hasta tres semanas después. Tras la alegre noticia se organizó en Madrid una multitudinaria y solemne procesión de acción de gracias en la que participó emocionado el rey prudente. Probablemente la historiografía española ha sobrevalorado los efectos de esta gran victoria porque Lepanto ha sido durante siglos un verdadero símbolo de la patria hispana y quizás también de la cristiandad.
Se hicieron festejos y celebraciones por todos los rincones del imperio. Y ahí está también Carmona, que ya en enero de 1572 estaba preparando dos carros “en los cuales han de ir dos torres formadas, la una imitará a España y la otra imitará a Turquía, irá gente de guerra en una y en la otra”.
Trabajaron en los citados carros alegóricos, un calderero y un carpintero, mientras que la labor pictórica corrió a cargo de Juan Bautista de Amiens, un pintor de imaginería, de origen francés afincado en Sevilla, documentado activamente en villas como Osuna, Marchena y sobre todo Carmona. Tan vinculado estuvo a esta localidad que el 9 de junio de 1595 manifestó querer avecindarse en esta villa, a cambio de que le diesen un salario por el mantenimiento del reloj público, a lo que el concejo accedió.

Apéndice I
Juan Bautista de obliga a hacer una invención alusiva a la batalla de Lepanto, Carmona, 24 de enero de 1572.
En la muy noble y leal villa de Carmona en veinticuatro días del mes de enero de mil quinientos y setenta y dos años, en presencia de mi el escribano público y testigos yusoescritos pareció Juan Bautista, vecino que dijo ser de la ciudad de Sevilla, pintor de imaginería en la collación de San Salvador, estante al presente en esta dicha villa, de la una parte, y de la otra, Andrés de Baldés, carpintero, y Francisco Trujamán, calderero, vecinos de esta dicha villa. El dicho Juan Bautista se obligó de que dará en esta esta villa el día de Nuestra Señora de la Candelaria primera que vendrá de este presente año una invención repartida en dos carros en los cuales han de ir dos torres formadas, la una imitará a España y la otra imitará a Turquía, irá gente de guerra en una y en la otra. En el medio de ambos carros irá el príncipe, adornado de cuatro virtudes, las cuales le armarán con favor de ellas (y) vencerá la soberbia y la traerá presa derribando por tierra su triunfo, y vendrán cantando en alabanza este triunfo.
Obligose a dar veinticuatro hombres vestidos conforme como conviene para esta letra, con que los vestidos que trajeren no han de ser de paño, sino de seda, y sus máscaras, y todo lo necesario, cumplidamente, lo cual se obligó de lo representar en esta villa donde le fuere mandado, por razón de que los dichos Andrés de Baldés y Francisco Trujamán le han de dar por toda la dicha obra e invención treinta ducados: los quince el domingo primero venidero, veintisiete días de este mes, y los otros quince, el día que sacare la dicha invención, la cual el dicho Juan Bautista se obligó a darla hecha según dicho es a su costa y a contento del señor corregidor de esta villa. Para lo así cumplir, ambas partes obligaron sus personas y bienes y dieron poder a las justicias de su Majestad para la obligación de ello especialmente a las justicias de esta dicha villa a la que el dicho Juan Bautista se somete para que le compelan al cumplimiento de ello.
Y el dicho Juan Bautista lo firmó de su nombre y dio por testigo de su conocimiento a Francisco Gutiérrez Carpintero, vecino de esta villa. Y los dichos Francisco Trujamán y Andrés de Baldés lo firmaron de sus nombres. Testigos que fueron presentes, el dicho Francisco Gutiérrez y Juan Hernández de Mendoza y Cristóbal de Herrera, vecinos de esta dicha villa.
(APC, Escribanía de Juan Rodríguez, 1572, fols. 501r-501v).
PARA SABER MÁS:
Mira Caballos, Esteban: “Algo más sobre la vida y obra de Juan Bautista de Amiens”, Atrio, Revista de Historia del Arte, n. 7. Sevilla, 1995, pp. 127-130.
—-Las Amadas Imperiales. La guerra en el mar en tiempos de Carlos V y Felipe II. Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.
ESTEBAN MIRA CABALLOS
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