Esteban Mira Caballos

Blog del historiador Esteban Mira

  • Inicio
  • Blog
    • Historia de America
    • Historia de España
    • Reseñas de Libros
  • Libros
  • Ponencias
  • Sobre Mí
  • Contacto
  • Historia
  • Biografías
  • Todos los Libros

EL FEBRERO TORMENTOSO Y CASI APOCALÍPTICO QUE SUFRIÓ CRISTÓBAL COLÓN EN 1493

21:25 por administrador1 Dejar un comentario

El 14 de febrero, pese a estar el cielo despejado, se levantó un virulento viento cruzado que provocó un oleaje espantable, a decir del almirante. A cada hora pensaban que se hundirían, lo que resultaría letal porque no había otro navío que los pudiese socorrer. Tan mal se vieron que decidieron hacer un sorteo para elegir a una persona que acudiese a un santuario devoto y prometieron todos peregrinar descalzos al primer templo que encontrasen. Estos sorteos eran frecuentes en el mar, donde la vida era precaria, pues, como decía Antonio de Guevara, entre la vida y la muerte no había más que una tabla. El primer garbanzo con una cruz marcada lo sacó el propio Colón, quien tendría que ir de romero a Guadalupe con un cirio de cinco libras de cera. A un tal Pedro de Villa, natural del Puerto de Santa María, le tocó peregrinar al monasterio de Santa María de Loreto, pero, dada su penuria, el genovés se ofreció a sufragarle la visita. Y finalmente, a otro tripulante, que las fuentes omiten, le correspondió acudir a la iglesia conventual de Santa Clara de Moguer. Pero, dado que la situación no mejoró, preparó un pergamino en el que escribió «todo lo que pudo» de su hallazgo, lo envolvió en un paño encerado y bien atado, lo introdujo en un barril y lo arrojó por la borda. Según Las Casas, le apenaba especialmente que sus hijos quedasen desamparados en tierra extraña, sin que los reyes supieran nada de los grandes servicios que les había prestado. Solo le movía la esperanza de que, si todos se ahogaban, alguien lo encontraría y su gesta sería conocida, aunque nunca se encontró dicho tonel con ese mensaje, que seguramente fue breve y redactado de forma apresurada. Colón no le explicó las causas a nadie para no desanimarlos, por lo que todos pensaron que se trataba de alguna superstición suya.

Al día siguiente el viento amainó y pudieron avistar la isla de Santa María, la más meridional de las Azores, por lo que pudieron respirar tranquilos. Dos días después, el 18 de febrero, estaban frente a Vila do Porto, pero los vientos los empujaron hasta la bahía de la Greda, donde por fin pudieron fondear. No tardaron en tener noticias del lugarteniente del gobernador de la isla, Jôao Castanheira, que no les dio la acogida esperada. Este les hizo llegar algunos víveres frescos, con la idea de ganarse su confianza y acto seguido apresarlos, pero Colón sospechó algo y envió a tierra tan solo a diez de sus hombres, que, en representación del resto, pretendían cumplir con la romería a la que se habían comprometido. Los marineros desfilaron en procesión, descalzos, hasta el templo parroquial para dar gracias a la madre de Dios, momento en el que fueron emboscados y arrestados. La tardanza en regresar les hizo temer lo peor y, ante el riesgo de que se apoderasen de la carabela, partieron en dirección a la isla de San Miguel. Sin embargo, ni siquiera llegaron a desembarcar porque no encontraron ningún buen puerto, por lo que retornaron a la isla de Santa María a ver si podían liberarlos. Colón mandó a varios hombres en un batel para comunicarle al teniente de gobernador que se trataba del almirante y virrey de las Indias por los reyes de Castilla y Aragón y que, si no accedía a soltar a sus hombres, se generaría un grave conflicto diplomático. Pero el gobernador, envalentonado, le respondió que allí no conocían a los soberanos de Castilla ni les tenían miedo, y que «antes les darían a entender qué cosa era Portugal». Y, como justificación de su actitud, esgrimió que el soberano luso había dado la orden a todos sus súbditos de que en caso de encontrarse con él lo apresaran, algo que parece bastante plausible. La situación se tornó tan tensa que Colón pensó, como anotó en su diario, que en su ausencia había ocurrido algún conflicto entre los dos reinos. Sin embargo, el portugués terminó entrando en razón y, después de interrogar a los rehenes y cerciorarse de que no venían de las áreas coloniales portuguesas, decidió ponerlos en libertad. No sabemos los motivos de un cambio tan repentino, aunque es posible que, dado que no podía apresarlos a todos, pensara que los hechos podrían conocerse en Castilla y crear el citado conflicto. Sea como fuere, no quisieron tentar más a su suerte y el 24 de febrero soltaron amarras y prosiguieron su camino de manera apresurada.

Pero los sinsabores de la Niña no acabaron ahí, en el trayecto a la Península volvieron a sufrir una climatología adversa. Los tres primeros días fueron tranquilos, pero desde el 27 de febrero los vientos fueron contrarios, y debieron surcar grandes olas, pese a lo cual mantuvieron el rumbo en dirección a la barra de Saltés. Sin embargo, el 3 de marzo se levantó una nueva tormenta que, una vez más, estuvo a punto de hundirlos. La estabilidad de la Niña mejoró cuando se decidió llenar los barriles vacíos con agua de mar para proporcionarle más lastre y tirar por la borda diversos enseres de la cubierta. Asimismo, sortearon un nuevo romero para ir de peregrino, en esta ocasión al devoto santuario de Santa María de la Cinta de Huelva; por cierto, le volvió a tocar a Colón. Y no fue el único voto que hicieron, pues se comprometieron a guardar ayuno el primer sábado después de su arribada a tierra. Como ya hemos afirmado, la intención era navegar en derechura a Palos, pero con la carabela casi desarbolada Colón no pudo hacer otra cosa que arribar al estuario del Tajo. Por fin, el 4 de marzo de 1493, tras pasar por Cascais sin detenerse, fondeó en el atracadero de Restelo, ubicado justo al lado de donde actualmente se encuentra la Torre de Belem, que entonces aún no había sido edificada. Allí algunos marinos se sorprendieron de haber podido sobrevivir, porque jamás habían vivido «un invierno con tan recias y desaforadas tormentas que habían naufragado veinticinco naos de Flandes».

PARA SABER MÁS

Esteban Mira Caballos: Colón. El converso que cambió el mundo. Barcelona, Crítica, 2026.

Archivado en:Reseñas de Libros

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Redes Sociales

Facebook

Linkedin

Twitter

 

Aviso Legal

Política de Privacidad

Contador

1540191

Copyright © 2026 Esteban Mira Caballos