Esteban Mira Caballos

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CRISTÓBAL COLÓN. UN NAVEGANTE EXTRAORDIANARIO      

11:58 por administrador1 Dejar un comentario

A lo largo de su vida fue acopiando saberes, leyendo varias decenas de obras, ya que nunca tuvo una enseñanza reglada, ni alcanzó ningún grado académico. Fue ante todo un autodidacta, con una escasa formación académica, aunque de ahí a ser un analfabeto, como sostuviera Samuel Eliot Morison, o un alma inculta, como escribiera Marcelino Menéndez Pelayo, hay un abismo. Fernán Pérez de Oliva, siguiendo de cerca a Pedro Mártir de Anglería, escribió que estaba poco cultivado en letras, pero muy ejercitado en el «arte de navegar». El propio almirante, en una carta dirigida a los reyes, les confesó que Dios en cuestiones de marinería le hizo «abundoso y de alma ingeniosa», pero de astrología, geometría y aritmética solo supo lo suficiente.

La única educación reglada que recibió fue en primeras letras. Según fray Bartolomé de Las Casas, su progenitor lo llevó a una escuela del gremio de laneros de su ciudad natal, donde aprendió algo de matemáticas y de geografía. Efectivamente, sabemos que el gremio o la hermandad de laneros de esa urbe prestaba servicios educativos a los retoños de sus asociados y enseñaba unos rudimentos de aritmética, geografía y náutica. Una educación que lo marcó para toda su vida, pues allí debió de despertar su curiosidad científica, al tiempo que aprendió los primeros conceptos náuticos y las posibilidades lucrativas que el comercio siempre había ofrecido a la ciudad del Tirreno.

Hernando Colón y, siguiendo a este, el padre Las Casas sostuvieron que estudió geometría, cosmografía y astrología en la Universidad de Pavía, tratando de ofrecer una imagen de hombre de ciencia que en absoluto se correspondía con la realidad. Se trata de una nueva artimaña de su vástago para lustrar a su progenitor, pese a que en esos momentos esa universidad no tenía ningún prestigio en cuestiones náuticas y cosmográficas. Sus estudios universitarios no solo no se han podido verificar, sino que no resultan plausibles, ya que su familia no poseía la capacidad económica para pagarle una carrera.

Por tanto, está claro que no atesoró unos amplios conocimientos científicos, pues como escribió Victor Hugo, si hubiese sido un gran cosmógrafo jamás habría descubierto América. Pese a todo, sí es cierto que llegó a dibujar mapas, aunque su aprendizaje fue totalmente autoinstruido. Cronistas como el padre Las Casas dijeron que, durante algunas etapas de su vida, especialmente estando en Castilla entre 1485 y 1492, sobrevivió confeccionando «cartas de marear» y mercadeando con libros. De hecho, durante sus travesías indianas iba elaborando mapas cartográficos, como él mismo anotó en su diario de a bordo, aunque por desgracia no se haya conservado más que uno muy básico, atribuido a su pluma. Colón poseyó nociones de latín, aunque el aprendizaje de esta lengua fue tardío porque consideraba que este idioma culto era esencial para tratar de convencer a los eruditos de la viabilidad de su propósito.

Paulatinamente fue incorporando informaciones procedentes de algunas lecturas selectas que fue completando a lo largo de su existencia, además de la información que obtuvo de numerosos marinos de su entorno. Su aprendizaje fue extraordinariamente lento y tardío, y, de hecho, en su diario apenas incluye una vaga referencia a Plinio, como única pincelada erudita. Inicialmente había leído a Ptolomeo, Toscanelli y poco más, tanto es así que al sabio griego lo designa siempre a la portuguesa, es decir, como Ptholomeu. El resto de las lecturas las fue interiorizando después del regreso de su segundo viaje, aunque los volúmenes que atesoraba en su biblioteca particular nunca pasaron de una treintena.

Podemos concluir que más allá de las primeras letras, no tuvo una formación académica, y que, por supuesto, jamás estudio astronomía, cosmografía, matemáticas ni cartografía, por lo que sus conocimientos eran eminentemente prácticos, fruto de su curiosidad, de sus lecturas y de su extraordinaria capacidad reflexiva. De hecho, como escribió Fernández de Enciso en 1552, el primer almirante no se inspiró tanto en los tratadistas clásicos como en su experiencia que, decía, «es madre de todas las cosas».

No obstante, como advirtió Juan Gil, su formación era mucho más completa en cuestiones geográficas que la que poseían la mayoría de los eruditos y marinos de su tiempo. En una época en la que un porcentaje importante de la población no sabía leer ni escribir, entre ellos una buena parte de la marinería, atesoraba más formación y cultura que la mayor parte de sus contemporáneos. De hecho, era uno de los pocos marinos que elaboraba su propio diario, un verdadero cuaderno de bitácora, algo que hizo en sus cuatro viajes.

Su gran ingenio, del que hablara Angelo Trevisan, y su experiencia compensaban con creces su limitada formación científica, que se circunscribía a aquellos textos que respaldaban sus ideas sobre la existencia de tierras al oeste. Mediante la observación de las estrellas, se convirtió en un experto capaz de detectar incluso el movimiento de la estrella polar y calcular su posición aproximada en función de los astros. Aunque no tuviese una formación académica reglada, su capacidad de observación y su experiencia en el mar le confirieron el grado de experto, de ahí que incluso un cronista indígena tardío como Chimalpahin lo calificase como «un gran sabio acerca de la tierra y los mares».

Para saber más:

Esteban Mira Caballos: Colón. El converso que cambió el mundo. Barcelona, Editorial Crítica, 2025.

Esteban Mira

Archivado en:Historia de America Etiquetado con:12 de octubre, América, Cristóbal Colón

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