
Cristóbal Colón lleva quinientos años disfrazándose: genovés, catalán, gallego, portugués, incluso judío converso. Cada generación lo ha usado como espejo para proyectar sus obsesiones. Lo que hace esteban Mira en su libro es arrancarle esas máscaras y dejarlo en carne viva. No hay épica gratuita ni revisionismos de sobremesa: hay historia, documentos y un retrato que incomoda porque es demasiado humano.
Mira Caballos arranca por lo esencial: el origen. «El origen genovés de Colón está fuera de toda duda», ha afirmado ya en numerosas entrevistas. No lo dice a la ligera, sino tras seguir el rastro de contratos, testamentos y codicilos que lo prueban. De paso liquida teorías fantásticas con una contundencia que desarma. El objetivo es ponerlo en su sitio, como lo que fue: un hombre del siglo XV con ambiciones desmedidas y un talento peculiar para venderse.
El Colón que emerge aquí está lejos de la imagen escolar. Según Mira Caballos, era «un excéntrico chalado que vendía humo», alguien con fe ciega en sí mismo, pero también con la habilidad de un trilero para convencer a quienes tenían el poder. Lo retrata como «el típico quejica que siempre pedía más, aún después de concedérsele grandes privilegios por parte de los Reyes Católicos».
La gran pregunta atraviesa las páginas: ¿sabía Cristóbal Colón que había descubierto un continente? Mira Caballos sostiene que, en el fondo, sí. Que Américo Vespucio terminó de confirmárselo, pero Colón nunca lo reconoció formalmente. Orgullo, fe, contratos con la Corona: las razones se mezclan. Lo interesante es esa ambigüedad, porque nos habla de un hombre que tal vez no entendió por completo la magnitud de su propia hazaña.
Este libro no se lee como una apología ni como un ajuste de cuentas. Se lee como lo que es: el retrato de un hombre que cambió el rumbo de la historia y, al mismo tiempo, nunca dejó de ser un tipo con manías, defectos y grandezas muy terrenales. Colón, al final, no necesita adornos. Necesitaba un historiador dispuesto a mirarlo de frente. Y aquí lo tiene.
Reseña del portal: Quelibroleo

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