Esteban Mira Caballos

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EL MITO O LA HISTORIA: EL CASO EMBLEMÁTICO DE CRISTÓBAL COLÓN

10:53 por administrador1 Dejar un comentario

«Los hermanos Pinzones eran unos… marineros, que se fueron con Colón, otro viejo… marinero, y se fueron a Calcuta, en busca de unas gran… playas».

 “Los hermanos Pinzones”, es una canción que tiene su origen en la tradición oral española, ha sido versionada en diversos géneros musicales latinoamericanos (principalmente conocida como Colón y su hijo Cristobalito, tiene gran variedad de rimas y estrofas diferentes), canción llena de doble sentidos e insinuaciones de rimas con «malas palabras» o «groserías» en las que sin decirlo, simplemente por consecuencia lógica, nos sugiere lo que puede sustituir a la palabra marinero y la que rima con Calcuta…

Aunque no lo parezca y pueda ser considerado burdo y hasta tosco, es un ejemplo del humor pícaro popular: juega con la expectativa de una grosería, pero remata con inocencia (“marineros”), usando la rima como trampa cómica. Ese doble sentido muestra una inteligencia lingüística humana, difícil de replicar o ser entendida por una IA. Porque si algo nos distingue, es la capacidad de transformar la historia en chiste compartido. En el terreno del humor, el ingenio colectivo aún es capaz de entender que Colón no solo era otro viejo marinero, ni que los Indios Motilones le cortaron la… retirada.

La ruta perdida de Oriente y el plan de Colón

La insoportable tensión que se vive estos días por la guerra en medio oriente y el posible cierre del Estrecho de Ormuz —paso estratégico por donde circula gran parte del petróleo mundial— nos recuerda lo frágil que puede ser el equilibrio geopolítico global. Basta una amenaza en esa franja angosta para que el comercio internacional se tambalee. En medio de esta inestabilidad, mirar hacia atrás puede ofrecernos claves: ya pasó antes. Y aunque como especie hemos dejado clarísimo que somos capaces de tropezar mil veces con la misma piedra, por lo menos hay que intentarlo.

En 1453, la caída de Constantinopla a manos del Imperio Otomano cerró la principal ruta terrestre entre Europa y Asia. Las especias, sedas y piedras preciosas dejaron de llegar. Ante esa crisis, los reinos europeos salieron a buscar rutas alternativas por mar: Portugal bordeó África; Castilla apostó por una vía más osada.

En ese contexto aparece Cristóbal Colón, el viejo y estrafalario marinero, con una propuesta audaz: llegar a Asia navegando hacia el oeste. Su plan ofrecía no solo una nueva ruta, sino también la posibilidad de romper el monopolio portugués. Así, una guerra lejana, una ruta bloqueada y un giro geopolítico llevaron a Europa, casi por accidente, a toparse con un continente desconocido.

Sombras de un héroe: Colón entre la leyenda y la realidad

Colón fue celebrado durante siglos como el héroe que “unió dos mundos”, pero los historiadores actuales, como Esteban Mira Caballos (recomendado su libro: Colón, el converso que cambió el mundo), insisten en mostrarlo con sus luces y sus sombras. Fue un navegante audaz, sí, pero también un personaje ambicioso, soberbio, y con una gestión desastrosa como gobernador. Impuso tributos abusivos, trabajos forzados a los pueblos originarios y acabó destituido por la Corona. Mira Caballos advierte que el mayor reto es escribir sobre Colón sin repetir el mito, porque su leyenda aún se impone sobre los hechos documentados.

La imagen romántica del marino visionario respaldado por la fe de la reina ha sido refutada por la evidencia. Hoy sabemos, además, que ni siquiera fue el primero en llegar a América: los vikingos lo hicieron siglos antes, y los pueblos indígenas habitaban el continente desde mucho antes. Aun así, Colón se convirtió en el símbolo de un momento fundacional, tan real como violento. Entender su figura no exige negarla, sino mirarla sin idealizaciones: ni demonio ni santo, sino un hombre que cambió el mundo… a un costo enorme.

El mito como la mayor verdad

¿Qué lugar ocupa Colón –y tantos otros héroes históricos– en el imaginario colectivo? Ahí entra el concepto de mito. Como dice el profesor Sebastián Porrini, retomando a Roberto Calasso: “El mito es la mayor verdad que existe… este mundo es un mito”. Aunque vivamos rodeados de ciencia y datos, seguimos necesitando relatos fundacionales que nos den sentido: héroes idealizados, gestas ejemplares, símbolos que cohesionan. Negamos nuestra mentalidad mítica, pero seguimos creando figuras casi sagradas, desde próceres hasta marcas, envueltos en historias que nos contamos para definirnos.

Aceptar esto no implica renunciar a la verdad, sino reconocer el poder de la ficción compartida. Incluso Colón, convertido en emblema de medio planeta, es más leyenda útil que biografía precisa en la memoria colectiva. Las sociedades necesitan mitos, y por eso resisten soltarlos, aunque los hechos los contradigan. El problema no es que existan, sino confundirlos con realidad, sin espacio para la crítica o la complejidad.

Héroes de bronce con pies de barro

Colón no es el único personaje cuya historia ha sido mitificada. La historia está llena de figuras engrandecidas por el relato popular, aunque su realidad fue mucho más ambigua. El Cid Campeador, por ejemplo, es celebrado como héroe cristiano de la Reconquista, pero los registros revelan a un mercenario pragmático que luchó tanto para cristianos como para musulmanes, según su conveniencia. Aun así, la leyenda lo convirtió en símbolo de virtudes que quizás nunca encarnó del todo.

Lo mismo pasa con George Washington y la famosa historia del cerezo: según la leyenda, de niño confesó haberlo cortado diciendo “no puedo decir una mentira”. Nunca ocurrió, pero el cuento fue inventado para exaltar su honestidad y convertirlo en modelo moral. Algo similar sucede con Juana de Arco, elevada de estratega adolescente a santa mártir, o con el Che Guevara, cuya imagen idealista eclipsa sus contradicciones reales. Ni hablar de Maradona, convertido en semidiós en Nápoles y Argentina. En todos los casos, la historia real cede ante el mito, porque necesitamos héroes que encajen con lo que queremos creer: limamos defectos, exageramos virtudes, y completamos los huecos con fe.

El nombre de Colón en el mundo: de Colombia a lo “precolombino”

La figura de Colón ha sido exaltada públicamente en todo el mundo, como lo muestra el Monumento en Barcelona o los múltiples lugares que llevan su nombre. Colombia fue bautizada en su honor en el siglo XIX; en EE. UU., Columbia dio nombre al Distrito de Columbia (Washington D.C.); Canadá tiene su Columbia Británica; y en Panamá, la ciudad de Colón. Incluso la moneda de Costa Rica se llama colón, en homenaje al navegante. Su nombre quedó así incrustado en la cultura global.

Aunque muchos lo creen, «colonización» no proviene de Colón. Términos como colonia, colono o colonizar vienen del latín colonus (labrador) y colere (cultivar), usados mucho antes de 1492. Sin embargo, su gesta redefinió su sentido: tras él, “colonia” se asoció a la conquista de América. De ahí también surgen los términos precolombino (lo anterior a su llegada) y colombino (relativo a él, como el Intercambio Colombino). La huella de Colón es tal, que generó una familia entera de nombres y conceptos con su apellido.

La comodidad del mito y la madurez de la verdad

Desmontar mitos incomoda, pero es necesario si queremos crecer como sociedades. Hoy tenemos más herramientas que nunca para revisar la historia con rigor, pero a menudo preferimos el consuelo de una mentira compartida antes que la frialdad de un hecho comprobado. Así repetimos errores: lo que ocurrió tras el cierre de Constantinopla resuena hoy en la tensión del Estrecho de Ormuz. La historia no se repite, pero —como dijo Twain— rima. ¿Y si los mitos que idealizamos fueran parte del problema?

El episodio de Los Simpson donde Lisa descubre que Jeremías Springfield fue un fraude lo ilustra con crudeza. Tiene la verdad en sus manos, pero opta por callar: entiende que el mito, aunque falso, ha inspirado a su comunidad. A veces, el bien emocional que produce una historia pesa más que su veracidad. ¿Vale la pena derribarla si eso rompe algo más profundo?

Todos participamos, en mayor o menor medida, de esa fe colectiva. Creamos relatos que nos den identidad, aunque sepamos que debajo hay sombras. Pero madurar implica mirar esos relatos con ojos abiertos: no para destruirlos, sino para decidir con conciencia qué conservar y qué resignificar. No se trata de dinamitar estatuas, sino de saber por qué están ahí y qué cuentan realmente.

El mito inspira. La verdad incomoda; pero solo enfrentando nuestras leyendas con espíritu crítico, podremos construir un relato más justo, más real y más humano. ¿Estamos listos para elegir la historia completa… aunque duela?

Pedro Monteros Valdivieso

Publicado en: (https://www.linkedin.com/pulse/el-mito-vs-la-historia-caso-emblem%C3%A1tico-de-cristobal-pedro–1w2hf/)

Es reseña del libro:

Esteban Mira Caballos: «Colón. El converso que cambió el mundo». Barcelona, Crítica, 2025.

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