
Al regreso del almirante genovés Cristóbal Colón de su pionera aventura descubridora, en 1493, algunos envidiosos trataron de restarle mérito, afirmando que simplemente fue una cuestión de suerte que encontrase tierra. El ambiente se enrarecería aún más al regreso de su segundo viaje; de hecho, su propio hijo Hernando Colón recordó en su Historia del Almirante que siendo él y su hermano Diego pajes de la reina Isabel, la gente los incordiaba diciéndoles que eran los hijos del almirante de los mosquitos, causante de la miseria de muchos hidalgos castellanos.
En una comida que ofreció el cardenal Pedro González de Mendoza, y a la cual fue invitado el genovés, se hicieron conjeturas e insinuaciones malévolas en alta voz. El almirante permaneció silencioso hasta que en un arranque de coraje pidió que le llevaran un huevo. A continuación, exclamó en voz alta: ¿Quién de vosotros es capaz de sostener este huevo por una de sus extremidades? El huevo circuló entre las manos de los comensales y volvió a sus manos, sin que nadie hubiese podido resolver el problema. Entonces Colón tomándolo y golpeándolo con suavidad contra su plato hasta quebrarle ligeramente la cáscara por uno de los extremos, sostuvo de punta el huevo que permaneció en perfecto equilibro. Eso así no es difícil, no tiene mérito le dijeron y él replicó, sin duda, pero se necesitaba pensarlo. La moraleja estaba clara, como señaló Girolamo Benzoni, lo que les dio a entender fue que, a cosa hecha, todos la saben hacer (Benzoni, 1989: 82).
No hay certeza de que el hecho ocurriese pues la referencia procede de la Historia del Nuevo Mundo del italiano Girolamo Benzoni, publicada en 1565. El problema es que justo la misma anécdota la había aplicado el pintor y escritor del quattrocento Giorgio Vasari a Filippo di Brunelleschi, arquitecto y escultor florentino del quattrocceto. Y lo hizo en su obra Vida de Vidas de pintores, escultores y arquitectos, publicada en Florencia quince años antes que la obra de Benzoni, es decir, en 1550. Es posible que fuese una confusión de este último que atribuyó a Colón un lance que en realidad protagonizó el arquitecto de la famosa cúpula de Santa María de las Flores de Florencia. Lo cierto es que Teodoro de Bry se hizo eco de la anécdota colombina y, con posterioridad, algunos otros autores, así como el arte han terminado por consolidad un mito que muy probablemente nunca protagonizó el almirante de la mar Océana.

En 1992 con motivo de la Exposición Universal de Sevilla, conmemorativa del V Centenario del Descubrimiento de América, el Ayuntamiento de Moscú regaló a la ciudad del Guadalquivir la escultura Nacimiento de un Hombre Nuevo, creada por el escultor ruso-georgiano Zurab Tsereteli. Muestra a una carabela en forma de huevo, en cuyo interior está una figura de Cristóbal Colón de unos treinta y dos metros de altura, sosteniendo un mapa. El monumento está ubicado en el parque de San Jerónimo de Sevilla, junto a la carretera de circunvalación. En ese mismo año de 1992 se instaló otro Huevo de Colón en Ibiza, concretamente en la rotonda de entrada a San Antoni. Se hizo para apoyar la tesis del Colón ibicenco y es un huevo de hormigón armado de unos seis metros de altura, con un hueco en el centro que alberga una réplica en hierro de 2,8 metros de largo, de la nave Santa María, cuya proa apunta hacia América.

PARA SABER MÁS:
Benzoni, Girolamo: Historia del Nuevo Mundo, Madrid, Alianza Editorial, 1989.
Colon, Hernando: Historia del Almirante. Historia 16, Madrid, 1984.
Esteban Mira Caballos
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