Esteban Mira Caballos

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LAS MIL Y UNA PRUEBAS OBJETIVAS QUE DEMUESTRAN EL ORIGEN GENOVÉS DE CRISTÓBAL COLÓN

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Se conservan varias decenas de escrituras notariales firmadas por el progenitor del descubridor, solo o en compañía de alguno de sus hijos, y concretamente de Cristóbal. El documento más antiguo en el que se alude al futuro almirante —llamado Cristoforo— tiene fecha del 22 de septiembre de 1470, y en él rubrica junto a su padre. Su interés es extraordinario, pues resulta que tanto Domenico como Cristoforo reconocieron una deuda con Girolamo del Porto por la que fueron condenados. En el codicilo que otorgó en Valladolid el 19 de mayo de 1506, pidió que se abonase a los herederos del genovés Gerónimo del Puerto, padre de Benito del Puerto, canciller de Génova, los veinte ducados que aún le seguía debiendo. No es el único: en 1479, Colón fue citado como testigo en un juicio celebrado en su ciudad natal y se dijo que era genovés, aunque residente en Lisboa. Asimismo, en 1489, Domenico declaró ser viudo y administrador de los bienes de sus tres vástagos ausentes: Cristóbal, Bartolomé y Diego. El 8 de abril de 1500, Sebastián Cuneo demandó a los hijos y herederos del difunto Domenico Colombo, y citó a Cristoforo, Bartolomeo, Giacomo y Giovanni, especificando que los tres primeros estaban ausentes de la República de Génova desde hacía muchos años. Y, por último, en 1501, varios genoveses declararon en juicio que Domenico era finado y que sus tres hijos varones residían en Castilla. Solo con estos testimonios parece indiscutible que ese Cristoforo Colombo, hijo del cardador de lanas  Domenico Colombo, es la misma persona que descubrió América.

Pero, por si esos testimonios fueran poco, el propio almirante proclamó a los cuatro vientos su origen y lo puso por escrito en un documento esencial, la escritura de mayorazgo, protocolizada el 22 de febrero de 1498. En ella aseveró haber nacido en Génova, desde donde vino a servir a Castilla, pues de esa ciudad «salí y en ella nací» Además, en dicho instrumento notarial pidió a sus herederos que mantuviesen siempre a alguna persona de su linaje en su ciudad natal y que le dotaran de una renta suficiente para que pudiese vivir honradamente. Una vez más hay que decir, como hace Alfonso Enseñat, que solo con este documento sería suficiente para no dudar de su nacencia. El propio Colón, en infinidad de ocasiones, puso por escrito su condición de extranjero en Castilla, como cuando el 14 de febrero de 1493, a la altura de las Azores, le sorprendió una tormenta y escribió en su diario que temía dejar a sus hijos huérfanos «en tierra extraña». Años más tarde, el 18 de octubre de 1498, informó a los reyes de que el origen del odio que le tenían era por sus ausencias y por ser un «envidiado extranjero». En su carta desde Jamaica, que él rebautizó con el nombre del apóstol Santiago, fechada el 7 de julio de 1503, fue muy explícito al lamentarse de las calumnias que se habían levantado contra «un pobre extranjero» como él.

Incluso, había colonos y religiosos en Santo Domingo que no tenían ningún motivo para mentir que se quejaban de la tiranía de los hermanos genoveses, especialmente de Bartolomé, del que decían que era una persona dura, áspera, cruel y codiciosa. Concretamente, el 12 de octubre de 1500, fray Juan de Trasierra escribió una dura misiva al cardenal Cisneros en la que le pedía que no consintiese que fueran a las Indias más genoveses, porque eran codiciosos y destruían la tierra. En los Pleitos colombinos, el fiscal alegó que el primer almirante no fue vasallo ni natural de los reinos de España, afirmación que nadie trató de rebatir.

Su correspondencia no es menos reveladora, ya que la mayoría de sus grandes amigos, con los que mantenía correspondencia regular, residían o habían nacido en la ciudad de la Liguria. Entre ellos, Niccolo y Baptista Spinola, Francisco Pinelo, Francisco de Riberol, Pantaleón Italián, Agustian Italián, Nicolao Adriani, Gerónimo Aimari y Antoni Genovés, por citar solo a algunos de ellos. Incluso en su codicilo, protocolizado en Valladolid el 19 de mayo de 1506, se acordó de un buen número de compatriotas a los que dejó algunas cantidades de numerario, en la mayoría de los casos por restos de deudas antiguas, a saber: al ya citado Gerónimo del Puerto, a los mercaderes Antonio Vazo y Luis Centurión Escoto, a los herederos de Paolo di Negro y a Baptista Spínola o a sus sucesores. Además, dirigió una carta a los directores del banco de San Giorgio en cuyo encabezamiento dijo que, aunque su cuerpo estuviese en Castilla, su corazón estaba permanentemente en su Génova natal.

Todas las personas que lo conocieron, sin excepción, sitúan su cuna en dicha ciudad italiana. El historiador dominicano Joaquín Marino Incháustegui enumeró un total de noventa y dos personas con nombres y apellidos, coetáneas del descubridor, en su mayoría italianos, aunque también los hay españoles, franceses, alemanes y hasta un suizo, que señalaron sin ambages su nacimiento en la ciudad del Tirreno. De entre todos ellos, citaremos a algunos de los más representativos, empezando por su hijo y biógrafo, quien, en su escritura de última voluntad, suscrita el 3 de julio de 1539, declaró ser hijo del genovés don Cristóbal Colón. Pedro Mártir de Anglería, que era italiano como él y amigo personal, con el que coincidió en España en 1496, dijo que era de Liguria, en la región de Génova. Bartolomé de Las Casas, que no solo lo conoció personalmente, sino que dispuso de su archivo personal, escribió que «fue un varón escogido de nación genovés, de algún lugar de la provincia de Génova», un dato que repitió numerosas veces a lo largo de su obra.

No menos claro fue el testimonio de obispo de Santo Domingo, Alessandro Geraldini, natural de Umbría, y también conocido suyo, igual que su hermano Antonio Geraldini, uno de los primeros en apoyar su proyecto de llegar a Asia por el Poniente, quien afirma, una vez más, que fue natural de Génova, ciudad de Liguria. También su buen amigo Andrés Bernáldez o Bernal, cura de los Palacios, en su crónica del reinado de los Reyes Católicos, mencionó en varias ocasiones que era natural de esa ciudad italiana. Además, sostenía el citado sacerdote que la gente no lo podía tragar porque no era de los reinos de España, sino de otra nación, por lo que corrían rumores de que se quería «enseñorear de la isla y dársela a los genoveses». Y debemos recordar que Bernáldez lo había hospedado en su casa una larga temporada en 1496 y no tenía motivos para mentir, al menos en este asunto. Asimismo, otros muchos autores de los siglos xvi y xvii, como Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, Juan Suárez de Peralta, emparentado con Hernán Cortés, Juan López de Velasco, Antonio de Herrera o Juan de Solórzano, señalaron su origen ligur sin ningún género de dudas, aunque algunos de ellos difieren si el alumbramiento se produjo en la propia ciudad o en alguna aldea cercana.

En una carta de Pedro de Ayala, embajador en Inglaterra, aludiendo a la expedición descubridora que el italiano Giovanni Caboto quería realizar bajo el patrocinio de Enrique VII de Inglaterra, este dijo que era un navegante genovés, igual que Cristóbal Colón. Por su parte, Gaspar Contarini, un veneciano que fue embajador de su ciudad natal ante el emperador Carlos V, en una relación que escribió en 1525 dijo taxativamente que Diego era «hijo del genovés Colón».Girolamo Benzoni, también italiano, narró que, en la primera aventura, cuando se amotinaron los marineros, le tildaban de «genovés, estafador y mentiroso que los estaba llevando a la muerte». Más adelante, dijo expresamente que era natural de una pequeña villa del señorío de Génova, aunque sus antepasados eran originarios de Lombardía. En ese mismo año, los embajadores de los Reyes Católicos en Inglaterra y Escocia informaron, cada uno por separado, de las gestiones realizadas por el genovés Cristóbal Colón en esos reinos. Asimismo, el portugués Rui de Pina, en su manuscrito sobre el rey don Alfonso y Juan II de Portugal, redactado en 1504, aludió a su origen italiano. Por su parte, Antonio Gallo, canciller del banco de San Giorgio de Génova y cronista de la ciudad desde 1477, escribió que tanto Cristóbal como Bartolomé Colombo, que habían alcanzado gran fama en Europa, eran naturales de Génova, hijos de padres plebeyos, dedicados al negocio de la lana. Otros genoveses, lo mismo Arcangelo Madrignano, en su libro publicado en 1508, que Bautista Fregoso, en su obra publicada el año siguiente, afirmaron con rotundidad su origen genovés. Y por citar un último ejemplo, el obispo Agostino Giustiniani, que publicó en Génova en 1516 una obra titulada Salterio Políglota, siguiendo a Antonio Gallo, sostuvo que era oriundo de Génova, de una estirpe humilde.

Pero al margen de toda esa documentación hay otros aspectos más circunstanciales que lo ratifican. Tenía que ser Génova, la ciudad que ha aportado tantos marinos de renombre mundial, como los hermanos Vadino y Ugolino Vivaldi, Lanzarotto Malocello, Niccolo de Recco y Antonio da Noli, entre otros. Una ciudad vertida al mar que durante la Edad Media proporcionó a Europa no solo grandes marinos, sino también galeras, capitales y empresarios que se establecieron en los principales puertos del Mediterráneo. No había en Europa tantos centros cartográficos; más allá de Génova, estaban Venecia, Lisboa, Barcelona, Palma de Mallorca y pocos más, aunque en el siglo xvi se desarrollaran otros, especialmente Sevilla. Pero, es más, su alma, su personalidad, su pensamiento y su espíritu mercantil eran los propios de un genovés de su tiempo. Muchos de sus grandes amigos fueron italianos, unos florentinos, como Juanoto Berardi, y la mayoría genoveses, como fray Gaspar Gorricio, religioso cartujo en el monasterio sevillano de la Cartuja de las Cuevas, Francisco Pinelo, Francisco Cataño, Francisco de Grimaldo, Francisco de Rivarol, Luciano Esbarroya o Francisco Doria. El cartujo del monasterio de las Cuevas fue su amigo del alma, con quien mantuvo una estrecha relación que duró hasta su fallecimiento; a él encomendó su consuelo espiritual, la custodia de sus papeles y la protección de sus hijos. Por tanto, concluiremos, de acuerdo con Paolo Taviani, que nadie con cierto rigor científico puede dudar hoy de su nacencia genovesa.

PARA SABER MÁS:

Esteban Mira Caballos: Colón. El converso que cambió el mundo. Barcelona, Editorial Crítica, 2025.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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