Esteban Mira Caballos

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COLÓN Y EL MAUSCRITO DEL BARRIL

11:16 por administrador1 Dejar un comentario

Desconocemos la derrota exacta de la Pinta ni lo sucedido a bordo desde el 13 de febrero, pero sí que sabemos lo ocurrido en la Niña gracias al diario de Colón. El 14 de febrero, pese a estar el cielo despejado, se levantó un virulento viento cruzado que provocó un oleaje espantable, a decir del almirante. A cada hora pensaban que se hundirían, lo que resultaría letal porque no había otro navío que los pudiese socorrer. Tan mal se vieron que decidieron hacer un sorteo para elegir a una persona que acudiese a un santuario devoto y prometieron todos peregrinar descalzos al primer templo que encontrasen. Estos sorteos eran frecuentes en el mar, donde la vida era precaria, pues, como decía Antonio de Guevara, entre la vida y la muerte no había más que una tabla. El primer garbanzo con una cruz marcada lo sacó el propio Colón, quien tendría que ir de romero a Guadalupe con un cirio de cinco libras de cera. A un tal Pedro de Villa, natural del Puerto de Santa María, le tocó peregrinar al monasterio de Santa María de Loreto, pero, dada su penuria, el genovés se ofreció a sufragarle la visita. Y finalmente, a otro tripulante, que las fuentes omiten, le correspondió acudir a la iglesia conventual de Santa Clara de Moguer. Pero, dado que la situación no mejoró, preparó un pergamino en el que escribió «todo lo que pudo» de su hallazgo, lo envolvió en un paño encerado y bien atado, lo introdujo en un barril y lo arrojó por la borda.

Este tipo de situaciones extremas no las vivieron solo las travesías colombinas. Por poner un ejemplo, en 1497, viniendo en una armada desde Flandes a Castilla con la infanta Margarita de Austria a bordo, sufrieron tal temporal que ella, para que reconocieran sus restos, escribió en una tablilla: Aquí yace Margarita, gentil damisela, dos veces casada y muerta doncella. Finalmente, la armada llegó a buen puerto.

Según Las Casas, le apenaba especialmente que sus hijos quedasen desamparados en tierra extraña, sin que los reyes supieran nada de los grandes servicios que les había prestado. Solo le movía la esperanza de que, si todos se ahogaban, alguien lo encontraría y su gesta sería conocida, aunque nunca se encontró dicho tonel con ese mensaje, que seguramente fue breve y redactado de forma apresurada. Colón no le explicó las causas a nadie para no desanimarlos, por lo que todos pensaron que se trataba de alguna superstición suya.

PARA SABER MÁS:

Esteban Mira Caballos: Colón. El converso que cambió el mundo. Barcelona, Crítica, 2025.

Archivado en:Historia de America Etiquetado con:América, Crstóbal Colón, Edad Moderna, España, La Pinta, Naufragio

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